Trastámara, De Haro, Loyola

La casa de Trastámara es de orígenes gallegos según los historiadores. Reinó en la Corona de Castilla, en la Corona de Aragón, en el Reino de Navarra, y en el Reino de Nápoles. Las Cortes de Aragón proclamaron a Fernando de Trastámara como rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Sicilia y Nápoles, y conde de Barcelona. La unión de los reinos de Castilla y Aragón bajo el reinado de los Reyes Católicos (Isabel y Fernando de Trastámara) en 1479, fue un paso importante hacia la formación del Reino de España. La última reina de la dinastía de los Trastámara fue Juana I la Loca, ya que tras su muerte pasó a reinar en España la Casa de Austria con los Habsburgo.
Una de las primeras acciones de Enrique de Trastámara (primero de la casa Trastámara) fue agradecer la ayuda prestada para alcanzar el poder. Fernán Pérez de Andrade es el primer señor de Pontedeume en virtud del privilegio otorgado en Burgos el 19 de diciembre de 1371 por Enrique de Trastámara como recompensa por su apoyo en la guerra fratricida contra el rey Pedro I «el Cruel». Así comienza la ascensión de la Casa de Andrade hacia el primer rango de la nobleza gallega. De la familia Andrade surgirá, siglos más tarde, el libertador Simón Bolívar ya que su tatarabuelo era Jacinto de Ponte y Andrade. Sobre los alineamientos relacionados con Bolívar se hablará en capítulos posteriores.
El pueblo de Pontedeume es un importante lugar de paso, allí se encuentra el Torreón de los Andrade, a 66.000 metros de la catedral de Santiago de Compostela. Pero además, este lugar de paso se encuentra alineado entre Santiago y otro importante y ancestral lugar de peregrinaje, el acantilado de San Andrés de Teixido. Esta línea mide 66 millas y pasa justo por encima de Pontedeume.
Existe otro lugar a 66 millas de San Andrés que es de gran importancia como punto neurálgico del camino de Santiago, se trata de Puerto Marín. En 1212 la Orden de Malta, la misma que junto a los Andrade administraba la iglesia de San Andrés, otorgó fueros a Puertomarín, por eso, en el escudo de esta localidad figura la cruz de Malta. En San Andrés ya existía una peregrinación antes del cristianismo, eso no es nada nuevo pero Puertomarín ofrece la posibilidad de analizar cómo el poder interviene en estos caminos naturales de la geografía humana e instala nodos, puntos neurálgicos artificiales y reconduce el flujo espiritual hacia donde le interesa en cada momento. Aún es posible identificar otro importante lugar de peregrinaje conectado a San Andrés de Teixido, se trata del santuario de la Virgen Do Faro que se encuentra a 66 millas náuticas.

En Bilbao sucede algo parecido; Diego Lopez de Haro fundó la ciudad en el año 1300; el castillo de Butrón se encuentra a 6,6 millas náuticas de la estatua de Diego Lopez de Haro en el centro de la ciudad. La familia Butrón es descendiente directa de la casa de Haro, titular del señorío de Vizcaya entre los siglos X y XIV, origen del territorio histórico y provincia de Vizcaya, en el País Vasco. Tras la caída del poder político directo de la Casa de Haro a mediados del siglo XIV y la posterior incorporación definitiva del Señorío de Vizcaya a la Corona de Castilla en 1379, la zona del País Vasco no conoció una nueva hegemonía centralizada o unificada. La desaparición de un gran poder aglutinador dio paso a un peligroso vacío de poder, el cual fue aprovechado por una hegemonía fragmentada y bipolar dominada por los llamados Parientes Mayores (los jefes de los bandos Oñacino y Gamboíno). Las familias nobles locales (los parientes mayores) estaban perdiendo fuerza debido al cansancio de la población y al progresivo control que la Corona de Castilla (bajo Enrique IV) empezaba a ejercer sobre ellos. El bando de los Oñacinos toma su nombre de la casa de Oñaz, una poderosa familia noble originaria de la zona de Azpeitia (en el barrio que hoy todavía se llama Oñaz). Los líderes de este grupo eran los Oñaz, los Mendoza y los Loyola. Los Oñacinos eran los tradicionales aliados de la Corona de Castilla, mientras que los Gamboínos, liderados por los Gamboa y aliados con grandes casas como los Guevara, miraban tradicionalmente hacia el norte, aliándose políticamente con el Reino de Navarra. Veían la centralización de Castilla como una amenaza a su autonomía e intereses señoriales por ello, se resistieron con mayor fuerza a las intrusiones de los corregidores (los enviados del rey castellano) en sus territorios. Estos jueces y gobernadores reales se aliaron con las Hermandades de las villas para mermar el poder de los nobles. El proceso culminó entre 1476 y 1492 bajo los Reyes Católicos, quienes ejecutaron la pacificación definitiva del territorio mediante la destrucción de fortalezas, destierros y la implantación de la justicia real. Al final, fue la alianza entre el rey castellano y la burguesía de las villas lo que logró someter a la vieja aristocracia guerrera. La Corona de Castilla y las Hermandades urbanas tenían las leyes y las armas, pero les faltaba algo fundamental: legitimidad moral y una salida honrosa para los nobles derrotados. Los Parientes Mayores (como los Guevara o los Loyola) eran hombres soberbios, guiados por un estricto código de honor medieval; jamás habrían aceptado rendirse ante un corregidor castellano o un alcalde de villa sin luchar hasta el último hombre. La tradición narra que el hallazgo o aparición de la Virgen de Aránzazu (fijada tradicionalmente en 1468 o 1469) actuó como el catalizador definitivo para un cambio de era. Los líderes de ambos bandos rivales pactaron una tregua histórica en el mismo lugar de la aparición, rindiendo sus armas y transformando la beligerancia feudal en una convivencia pacífica. Los Gamboínos eran los más rebeldes a la autoridad de Castilla. Si la Corona intentaba desarmarlos por la fuerza, provocaba una guerra abierta. Pero si una "orden divina" (la Virgen) exigía la paz y deponer las armas, los Gamboínos no tenían margen político para negarse sin quedar como herejes. Castilla utilizó el culto para pacificar el territorio rebelde sin gastar recursos militares. El santuario se encuentra en una zona montañosa fronteriza clave, fomentar un gran centro de peregrinación controlado bajo el amparo de la Iglesia católica aliada de Madrid servía para cohesionar socialmente Guipúzcoa e inclinar de manera definitiva la balanza cultural hacia la órbita de Castilla, restando influencia al Reino de Navarra. De hecho, los propios Reyes Católicos pidieron activamente al Papa indulgencias y jubileos para el templo de Aránzazu. La elección de un pastor para encontrar la imagen de la virgen (Rodrigo de Balzategui) no es casualidad; responde a una constante sociológica e histórica en la mariología como muestra el apartado ‘Culto a la Virgen’ con los ejemplos de Fátima o Lourdes, entre otros, como el dedicado a la colonización española donde veremos que un miembro de los Mendoza, una rama de la Casa de Haro, fundará el primer Buenos Aires y también llevará allí el culto a la virgen, en este caso de Luján, actualmente patrona del país. Fueran quienes fueren los ideólogos originales, la Corona de Castilla y las instituciones de la provincia moderna (las Hermandades) terminaron ganando la partida. El culto no se quedó en una superstición rural, por el contrario, se institucionalizó rápidamente. Figuras de la confianza directa de los Reyes Católicos, como el oñatiarra Juan López de Lazarraga (contador mayor de la reina Isabel), impulsaron económicamente el lugar. La Virgen de Aránzazu se transformó en el símbolo de una nueva Guipúzcoa unida, pacificada y perfectamente integrada en el proyecto de los Reyes Católicos, dejando atrás para siempre la violencia y la independencia de las viejas facciones feudales. El santuario de Aránzazu dista 33,3 millas del centro de Bilbao. Los Mendoza aportaron la estrategia política de gran nivel y los Loyola pusieron la fuerza militar en el terreno, formando el bloque político-militar que finalmente permitió que el modelo urbano e industrial de ciudades como Bilbao triunfara sobre la anarquía de los viejos señores de la guerra. La casa solar y Palacio de los Loyola, en Azpeitia, se puede rastrear de forma ininterrumpida durante cinco siglos, desde sus orígenes en el siglo XII hasta finales del siglo XVII y se encuentra a 33 millas del centro fundacional de Bilbao, donde se encuentra la catedral. Por otra parte, el palacio de los Loyola se encuentra a 66.000 metros de la plaza de los Fueros de Pamplona (y la cima del monte Balerdi, frontera de Gipuzcoa y Navarra, se encuentra alineada). En mayo de 1521, Pamplona estaba siendo atacada por un potente ejército franco-navarreso, este asedio formaba parte de una expedición militar promovida por el rey Enrique II de Navarra con el apoyo militar del rey Francisco I de Francia. El objetivo era recuperar el Reino de Navarra, cuya parte sur (la Alta Navarra) había sido invadida y anexionada por la Corona de Castilla en 1512. Un miembro de la casa de Loyola, Íñigo de Loyola, cayó herido, una bala de cañón impactó contra el muro, rebotó y le destrozó las piernas, forzando la rendición inmediata del fuerte. La visita de Íñigo de Loyola al Santuario de Aránzazu en febrero de 1522 es uno de los capítulos más íntimos e importantes de su conversión espiritual. Representa el primer paso real de su nueva vida, justo después de abandonar su casa natal. Según la tradición, durante su larga y dolorosa convalecencia en el palacio familiar de Azpeitia, al no tener libros de caballería, leyó textos sobre la vida de Cristo y de los santos. Esta lectura transformó profundamente su mentalidad, decidido a dar un giro radical a su existencia y comenzar una peregrinación hacia Jerusalén, san Ignacio esperó a recuperarse lo suficiente para caminar. A finales de febrero de 1522, se despidió de su hogar e inició su viaje siendo su primera parada el santuario de Aránzazu. Años más tarde, en 1554, el propio san Ignacio escribió una carta a San Francisco de Borja rememorando aquella noche en Aránzazu como un momento de inmensa gracia espiritual, crucial para consolidar los cimientos de su conversión. Tras dejar este santuario, continuó su camino hacia Montserrat y Manresa, donde terminó de consolidar su transformación y de esbozar sus famosos ‘Ejercicios Espirituales’. El lector que esté acompañando la lectura con un mapa con los alineamientos que se van mostrando durante la exposición puede ver que Montserrat forma parte de esta red de alineamiento. En apartados posteriores se añaden muchos más que vinculan a Montserrat. Se graduó finalmente como Maestro en Artes (Teología) en 1534, a los 43 años de edad. En las aulas parisinas conoció a sus compañeros de cuarto y estudios: el saboyano Pedro Fabro y el navarro Francisco Javier, con ellos y otros cuatro estudiantes formó el núcleo originario que, tras realizar los famosos votos en la colina de Montmartre en 1534, daría nacimiento formal a la Compañía de Jesús (los Jesuitas). Una vez que la orden fue aprobada oficialmente por el Papa Paulo III en 1540, san Ignacio de Loyola logró introducir la Compañía de Jesús en España utilizando una genial estrategia que combinó la educación universitaria con la captación de los nobles más influyentes de la corte. A lo largo de esta exposición se mostrarán muchos alineamientos vinculados a los jesuitas, en los apartados como ‘Baviera’, pero sobre todo en los apartados: ‘Colonización Española’, ‘Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay’, ‘Metro, Milla y Milla Náutica’ y ‘Universidades’, es donde se encuentra el grueso de la información vinculada a la Compañía de Jesús.

Enrique IV de Castilla mandó construir, en el siglo XV, tres monasterios en Segovia, corte de los reyes de la Casa de Trastámara (en la iglesia de San Miguel de Segovia, Isabel la Católica fue proclamada reina de Castilla el 13 de diciembre de 1474). Uno de ellos es el Monasterio Santa María del Parral, otro, el monasterio de San Antonio el Real y el otro, el de San Juan de la Cruz. Este último lo construyó junto a la iglesia de la Vera Cruz, construida dos siglos antes, contemporánea y similar a Santa María de Eunate, vista en un capítulo anterior y también construida por cruzados. A 6,66 millas náuticas de la iglesia de la Vera Cruz y a 6,6 kilómetros del pico Peñalara, Enrique IV mandó construir una pequeña ermita dedicada al arzobispo San Ildefonso la cual es el orígen del actual Palacio Real de la Granja de San Ildefonso. San Ildefonso de Toledo fue arzobispo del Toledo visigótico del siglo VII y es considerado uno de los padres de la Iglesia (en capítulos anteriores se mostró el traslado de la capital visigótica desde Tolosa hasta Toledo a 333 millas náuticas). Si se mide desde el arzobispado de Toledo hasta la iglesia de la Vera Cruz, o hasta el convento de San Juan de la Cruz o hasta el monasterio de Santa María de Parral la distancia es de 66 millas náuticas. El cementerio del Sagrario de Toledo se encuentra alineado. Estos alineamientos son una continuación de los que se mostraron en la segunda parte, en el apartado dedicado al Reino de Asturias, origen del Reino de España.
Es a partir de 1724, con Felipe V, cuando el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso comienza a adquirir su máximo esplendor, pues ya no es un palacio más de la geografía española sino que pasa a ser la residencia veraniega del rey de España, con su correspondiente corte. En la Sala de las Reliquias del mausoleo de la Real Colegiata de la Santísima Trinidad del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso están enterrados Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio. La familia Farnese fue muy influyente en Italia en los siglos XVI, XVII y XVIII, la Villa Farnese o Palacio Farnese en Caprarola se encuentra a 33 millas del monte Palatino de Roma. Este edificio pentagonal fue construido entre 1530 y 1575 por Alejandro Farnesio que más tarde sería el Papa Pablo III. El mismo que en 1540 aprobó la fundación de la Compañía de Jesús como veremos en apartados posteriores.

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