Sumeria
La división del círculo en 360º, la rueda, la arquitectura, la astronomía, el calendario y la división del día en 24 horas y las horas en 60 minutos (que aún organiza los ciclos de la actividad humana), la escritura, las unidades de medida, el derecho; los orígenes de todos estos conceptos son trazables hasta la civilización sumeria por eso los historiadores consideran que la primera civilización surgió allí. Según la tradición sumeria, Eridu era la más antigua de las ciudades de Mesopotamia, en cuya localización el dios Marduk había creado el mundo. Se estima que las primeras ciudades sumerias, de las que hoy no queda casi nada, tienen alrededor de 7.000 años. Hasta bien entrado el tercer milenio a.C, no existen registros de nombres de monarcas o soberanos, por otra parte, hasta que en el siglo XIX empieza la actividad arqueológica la única fuente sobre sumeria era la Biblia. Antes de estas excavaciones el mundo moderno ignoraba por completo que los sumerios hubieran existido. A diferencia de los egipcios, griegos o romanos, la memoria de Sumeria se borró por completo de la historia debido a que sus ciudades de adobe se desintegraron bajo la arena y su lengua dejó de hablarse miles de años antes de Cristo. El término "Sumer" fue acuñado formalmente por el filólogo Jules Oppert en 1869, tras descifrar escrituras cuneiformes que hacían referencia a un idioma no semítico. Cuando los arqueólogos decimonónicos empezaron a excavar en el actual Irak, su intención original era buscar pruebas físicas que confirmaran los relatos de la Biblia. Lo que descubrieron en su lugar, fue una civilización mucho más antigua cuyos mitos (como el poema del Diluvio Universal en la Epopeya de Gilgamesh) habían servido de inspiración para los propios relatos bíblicos redactados siglos después.
A 66 kilómetros de Eridu se encontraba el centro de Uruk. Aunque aún no está corroborado, se cree que el nombre del país Irak deriva de Uruk. El periodo de Uruk vio el surgimiento de la vida urbana y el período Uruk tardío (a principios del cuarto milenio a.C) vio el surgimiento gradual de la escritura cuneiforme. A lo largo de este recorrido cronológico serán muchas las ocasiones en las que estos alineamientos estarán localizados en lugares que han sido protagonistas en el desarrollo del lenguaje y la escritura, elementos esenciales para la civilización, y por lo tanto para su ordenamiento. Por eso Uruk, según la tradición sumeria, fue el hogar de Gilgamesh, héroe de la obra literaria más antigua de la historia, el 'Poema de Gilgamesh'. Muchos historiadores y mitólogos consideran que Gilgamesh es el prototipo directo o el antepasado literario de Heracles, a partir de ahora Gilgamesh/Heracles nos acompañará a lo largo de toda esta exposición.
El colapso del período Uruk se dio hacia el 3100 a.C, es entonces cuando surge la civilización Kish, ciudad sumeria que había ido ganando poder e independencia hasta formar su propia área de influencia. Desde el zigurat de Uruk hasta Kish hay 166,6 Kilómetros (la mitad de 333,3). La versión más antigua de una alegoría o historia sobre un diluvio universal se encuentra escrita en la historia de Utnapishtim, dentro del Poema de Gilgamesh. En el hinduismo, la leyenda de Manu, el primer ser humano y primer rey, que fue salvado del diluvio universal explica la misma historia y las dos precedieron a la historia bíblica del arca de Noé. Como se ha dicho en el apartado que sirve de marco conceptual, los mitos encierran un conocimiento, sirven para entender el pasado pero además contienen fórmulas de posición astronómica y mecánica celeste expresadas en clave simbólica.
El hinduismo se formó en base al vedismo y éste surgió del colapso de la civilización del Indo y las migraciones hacia el norte de la India. La civilización del Valle del Indo se desarrolló, según los historiadores, entre el 3300 a.C y el 1300 a.C y abarcó más territorio que Mesopotamia o Egipto. En un principio estuvo habitada por grupos de agricultores, luego comenzaron a aparecer ciudades fortificadas. A esta época se la conoce como «periodo inicial del Indo» que culminó en el «periodo desarrollado del Indo» (del 2700 a.C al 2400 a.C), cuando la diversidad regional primitiva fue reemplazada por la uniformidad cultural que abarcó toda la llanura del Indo. Hacia el 2400 a.C, se había desarrollado una compleja civilización urbana, comparable a la de Egipto y Mesopotamia. Las ciudades del Indo comerciaban, no solo con productos agrícolas, sino con metales como el oro, la plata, el plomo y el estaño, joyas y piedras semipreciosas (lapislázuli y turquesa), herramientas, utensilios y cerámicas. Sus huellas han aparecido en documentos sumerios y acadios en los que se registra el comercio de oro, ébano y cornalina en naves que, según los historiadores, procedían de esta región. Durante la 'fase Harappa' de la civilización del Indo se desarrolló el comercio exterior que muchos han calificado como importante para el crecimiento del urbanismo y su mantenimiento. El comercio exterior en la Edad del Bronce no se hacía para abastecer a la población general con productos básicos, las causas para que existiera este comercio era la búsqueda de materiales que no se encontraban en el propio territorio y conseguir objetos de lujo para la élite, que era quien controlaba este comercio. Esta dinámica económica se vincula de manera directa con las figuras mitológicas mencionadas, los héroes civilizadores. Aunque la escritura del Valle del Indo sigue sin ser descifrada, los arqueólogos han encontrado en sus sellos de esteatita (utilizados precisamente para marcar mercancías comerciales) representaciones visuales que cumplen exactamente la misma función arquetípica; muestran a un héroe erguido sujetando a dos tigres por el cuello con sus manos desnudas. Este motivo iconográfico es exactamente idéntico al de Gilgamesh dominando a los leones en Mesopotamia. Los historiadores lo interpretan como el arquetipo del héroe civilizador que domina las fuerzas de la naturaleza salvaje para imponer el orden humano. Los centros más importantes de la civilización del Indo eran las ciudades de Harappa y Mohenjo-Daro; desde Harappa hasta Kish hay 1.666,6 millas. Es decir, dos focos civilizadores cuya relación está documentada, están también conectados mediante un alineamiento numerológico. Posteriormente se mostrarán más alineamientos relacionados con Mohenjo Daro, Harappa y la India. El origen más antiguo y puro del arquetipo del «Señor de las Bestias o de los Animales» se encuentra en el chamanismo del paleolítico. La raíz original del Señor de las Bestias nace en las sociedades cazadoras-recolectoras de la Edad de Piedra. En un mundo donde la supervivencia dependía de la caza, los humanos sentían una profunda culpa e inquietud por sacrificar a los animales, a quienes consideraban sus parientes espirituales. El ejemplo más antiguo y famoso es la pintura rupestre conocida como ‘El Hechicero en la Cueva’ de los Trois-Frères (Francia, aprox. 13.000 a.C). Esta ilustración muestra a una figura híbrida con piernas humanas, cola de caballo, garras de oso y una imponente cornamenta de ciervo. El arquetipo del señor de los animales tuvo asociado el control de las fuerzas telúricas desde su origen paleolítico, para un cazador de la edad de piedra, lo telúrico era entendido de forma orgánica, las cuevas (como Trois-Frères o Altamira) eran vistas literalmente como el útero de la Madre Tierra, el lugar sagrado de donde nacían los animales y a donde regresaban sus almas tras morir en la caza. El Señor de los Animales (El Hechicero) habitaba y gobernaba las profundidades de estas cavernas oscuras. Él controlaba los terremotos subterráneos, el brote de los manantiales escondidos y el flujo de los vientos que salían de las grutas. Los animales mismos eran considerados extensiones de la energía de la Tierra. El bisonte, el oso y el mamut eran la "carne de la tierra" en movimiento. Por lo tanto, controlar a las bestias y controlar el poder del submundo era exactamente la misma función. Esta entidad chamánica era el dueño de los bosques y protector del juego de la caza, controlaba los espíritus de las presas y concedía permiso a los cazadores para tomarlas bajo estrictos tabúes rituales. De aquí derivan directamente deidades astadas como Cernunnos en Europa o el Proto-Shiva (Pashupati) en la India. Ambos serán tratados a fondo durante la exposición. Cuando la humanidad se asentó en las llanuras de Mesopotamia y domesticó la tierra, el antiguo y salvaje Amo de los Animales sufrió una metamorfosis radical. Enki no es un dios del bosque ni un cazador astado; es el dios de la sabiduría, el agua de los ríos, la magia y las tecnologías urbanas. Enki no reina en el bosque indómito; reina en el Abzu (el océano subterráneo de agua dulce) y es el arquitecto de los decretos divinos (Me) que estructuran la civilización. Es una deidad eminentemente técnica e intelectual. Enki representa el abandono del arquetipo del Amo de los Animales en favor del Dios de la Razón y el Progreso Tecnológico. En lugar de ver al Amo de los Animales en Enki, la literatura mesopotámica decidió fragmentar el arquetipo. En la Epopeya de Gilgamesh, el arquetipo puro del Señor de las Bestias recae inicialmente en su contraparte, Enkidu. Enkidu nace en la estepa, vive desnudo entre las fieras, corre con las gacelas y protege a los animales rompiendo las trampas de los cazadores. Gilgamesh, rey de la amurallada Uruk, representa el orden técnico, de la ciudad y el asfalto. Para neutralizar a Enkidu, Gilgamesh envía a Shamhat, una sacerdotisa sagrada. Tras el encuentro sexual y civilizatorio, los animales huyen de Enkidu. Su cordón umbilical con la naturaleza se rompe; ha dejado de ser el Amo de los Animales para convertirse en un hombre. Gilgamesh representa la antítesis y la ruptura definitiva con el orden chamánico primigenio, marcando el nacimiento de la civilización urbana que somete a la naturaleza.
Durante el período de Uruk surgió en la ciudad de Susa una imitación de todo el aparato estatal de Uruk. No se sabe quién la fundó pero durante la historia temprana de Susa, ésta fluctuó entre la sumisión a los estados mesopotámicos y el poder elamita. En la ubicación de Susa vuelve a aparecer el metro ya que ésta se encuentra a 333.000 metros de la cima del monte Dena, este es el punto culminante de la cordillera de los Zagros, la cadena montañosa más larga de Irak y de Irán, se extiende a lo largo de 1.500 kilómetros desde el Kurdistán iraquí, en el noroeste de Irán, hasta el estrecho de Ormuz en el golfo Pérsico. Susa es considerada la ciudad origen del imperio elamita, a lo largo de esta exposición el hecho de encontrar una ciudad capital alineada con la cima de su territorio de influencia será una constante. Lo mismo sucede con el siguiente alineamiento; ha quedado dicho que Susa surgió como una imitación del aparato estatal de Uruk y que dio origen al imperio elamita, una de las primeras capitales de Elam fue Anshan y esta se encuentra a 666.000 metros de Uruk, es decir, alineada con su "metrópolis", con su ciudad madre. Anshan, más tarde cayó bajo el dominio de los persas en el siglo VII a.C y luego se convirtió en una de las primeras capitales de Persia. Es lógico por lo tanto que se encuentre alineada a 660.000 metros de la cima del monte Damavand, el punto extremo de mayor altitud de Irán. Pero no quiero seguir en ése sentido aún, se hablará de Persia en el apartado dedicado a ello, tan sólo téngase en cuenta que, del mismo modo que los lugares de poder se encuentran alineados unos con otros, también los están las diferentes civilizaciones entre sí.
Tappeh Sialk (en persa, tappeh significa ‘colina’ o ‘montículo’) es un zigurat ubicado en Kashan (Irán). Al igual que los zigurats de Mesopotamia, la gran estructura escalonada de Sialk funcionaba como un eje cósmico (axis mundi). En una llanura árida y plana, crear de forma artificial una gran elevación con plataformas replicaba de manera simbólica las montañas de los Zagros de donde provenía el agua vital. Tappeh Sialk se encuentra a 333 kilómetros del monte Dena, la mayor altitud de la cordillera de los Zagros. El primer asentamiento en el área que más tarde sería Tappeh Sialk surge mucho antes de que Susa fuera fundada o se desarrollara, es una de las comunidades agrícolas sedentarias más antiguas de la meseta iraní. Sus niveles arqueológicos más profundos (en la colina norte) demuestran que ya había seres humanos viviendo allí hacia el 6000 - 5500 a.C. Según los historiadores, la ciudad de Susa se fundó hacia el 4200 a.C, y como se ha mencionado, se convirtió en el gran núcleo de la floreciente civilización protoelamita, la influencia comercial y cultural de Susa fue tan masiva que se expandió hacia el interior de Irán, fue precisamente en este periodo de influencia protoelamita cuando Sialk adoptó las tablillas de arcilla con números y construyó su famosa estructura al convertirse en un nodo importante en las rutas de los metales que se extraían de los Zagros e iban a parar a Mesopotamia. Es decir, cuando Tappeh Sialk se transforma en un axis mundi monumental hacia el 2900 a.C, Susa ya llevaba más de mil años existiendo y era una urbe poderosísima. La arquitectura de Tappe Sialk llegó a través de Susa cuando ésta se convirtió en el centro de la civilización protoelamita, sin embargo los restos arqueológicos más antiguos del montículo norte, según arqueólogos del Louvre, datan de mediados del sexto milenio a.C, por lo que es contemporáneo de Eridu. Si se mide desde el zigurat Tappeh Sialk hasta Eridu la distancia es de 333 millas náuticas y la línea pasa por Susa. Este alineamiento, que orográficamente atraviesa tres mundos (las marismas sumerias, las llanuras elamitas y el desierto de la meseta central iraní) encierra un profundo simbolismo de progresión civilizatoria, espiritual y económica. En el plano arquitectónico, Eridu es el origen absoluto del concepto urbano, el nacimiento del orden sobre las aguas. En el plano comercial, esta línea es la representación de la arteria económica más importante de la Edad del Bronce en ese territorio, une en perfecta línea recta el centro espiritual del sur de Mesopotamia (Eridu) con el corazón minero y comercial de la meseta central (Sialk), pasando obligatoriamente por la aduana y capital política de la llanura (Susa), simboliza el control absoluto del flujo de metales. Para la corriente principal de la arqueología, que estas tres ciudades queden alineadas en un mapa se debe única y exclusivamente a la orografía del terreno; Susa y Tappeh Sialk se asentaron donde estaban los pasos naturales de montaña de los Montes Zagros y los manantiales de agua vitales. El comercio sigue la ley del menor esfuerzo físico, el camino más directo y plano posible entre las minas y los ríos navegables, no un plan místico predeterminado, sin embargo ésta es una realidad que nos va a acompañar durante toda la exposición, alineamientos exactos en los que subyace un simbolismo evidente.
En nuestro mapa de alineamientos se puede observar un triángulo isósceles entre el monte Dena, Tappeh Sialk y Susa. El monte Dena, el punto más alto de los Zagros, equidistante a Tappeh Sialk y a Susa, es precisamente lo que representan estos dos zigurats. El principio de la "montaña sagrada" es el eje simbólico universal de todos los zigurats y grandes plataformas de la región, al igual que en Tappeh Sialk, el complejo sagrado de Susa fue concebido desde sus orígenes más remotos como una réplica e imitación de los Montes Zagros.
Hacia el 2900 a.C se construye la ciudad sumeria Shuruppak donde se han encontrado los que se han considerado los primeros documentos escritos: las llamadas tablillas de Fara. Shuruppak fue conocida en la tradición mesopotámica posterior por haber sido hogar del héroe del diluvio mesopotámico Ziusudra (Utnapishtim en el poema de Gilgamesh). Para la inmensa mayoría de los historiadores, asiriólogos y teólogos modernos, el relato bíblico de Noé en el libro del Génesis es una adaptación posterior de las tradiciones mesopotámicas que nacieron en torno a la ciudad de Shuruppak. La transmisión cultural ocurrió principalmente durante el Cautiverio de Babilonia (siglo VI a.C), cuando la élite judía y los escribas fueron exiliados a Babilonia, entraron en contacto directo con la literatura, las bibliotecas y los mitos locales, donde la Epopeya de Gilgamesh y la historia del diluvio de Shuruppak eran los textos más famosos y copiados de la época. Shuruppak se encuentra a 66 millas de Ur la ciudad que es llamada en la Biblia como Ur de los caldeos o Ur Kaśdim, y donde ésta sitúa la cuna del profeta y patriarca hebreo Abraham. En Ur se encuentra el zigurat de Ur-Nammu, reconstruido por Sadam Husein en la década de los 70. El zigurat se encuentra actualmente dentro de la base militar estadounidense Camp Adder (Ali Air Base), también llamada Base Aérea Tallil, que es también el aeropuerto de Nasiriyah. En la mentalidad mesopotámica, los lugares sagrados no se cambiaban de ubicación. Cuando un templo se deterioraba o un nuevo gobernante quería ganar prestigio, se derribaba la parte superior y se construía la nueva estructura directamente encima de los cimientos anteriores, usando el viejo templo como una base sólida. Por lo tanto, el Gran Zigurat de Ur es en realidad la culminación de siglos de evolución arquitectónica religiosa en el mismo punto exacto. Antes de que el rey Ur-Nammu unificara el diseño en forma de pirámide escalonada que conocemos hoy, existieron plataformas y templos superpuestos dedicados al culto lunar. En los niveles más profundos bajo el complejo religioso, se hallaron vestigios de los primeros asentamientos y santuarios primitivos de barro del periodo de El Obeid (5000 a.C - 3800 a.C). El Zigurat de Ur fue construido para ser la morada terrenal de Nanna (el dios sumerio de la Luna) y una "escalera" simbólica para conectar el cielo con la tierra. En Ur se realizaban meticulosas observaciones de la Luna, forma parte fundamental del ecosistema donde nació la astronomía matemática. La Luna fue el motor principal que dio nacimiento a la astronomía, por su cercanía, brillo y comportamiento predecible, actuó como el "laboratorio perfecto" para que la humanidad aprendiera el método científico, la física y las matemáticas. La primera persona que registró formalmente que el diámetro de la Luna (y del Sol) equivale a la 720ª parte del círculo zodiacal fue el astrónomo griego Aristarco de Samos en el siglo III a.C. Por eso la ciencia oficial no considera que en la prehistoria el ser humano conociera este hecho, sin embargo, para que los griegos dijeran que la Luna cabía 720 veces en el horizonte, primero necesitaban que el horizonte estuviera dividido en 360 partes (grados). La ciencia oficial, sostiene que la humanidad primero inventó el número 360 basándose en los días del año. Cuando los astrónomos griegos midieron el tamaño de la Luna usando ese sistema babilónico de 360 grados, descubrieron que el ancho de la Luna medía exactamente la mitad de uno de esos grados cotidianos. Por pura lógica matemática, si en un grado caben dos lunas, en los 360 grados del horizonte caben 720 lunas. Y finalmente, al calcular el bamboleo de la Tierra (1º cada 72 años), la multiplicación de ambos inventos humanos (30º x 72) arrojó de forma inevitable el número 2160 (lo que dura una era). 2160 es también el diámetro ecuatorial de la Luna en millas (exactamente 2.159,2 según la ciencia), pero para la ciencia esto es una consecuencia lógica e inevitable de la geometría, combinada con una elección previa del ser humano. La prueba científica más contundente de la coincidencia se basa en que el número 2.160 solo aparece si mides la Luna en millas y como la ciencia oficial acepta la historia del origen de la milla no puede verla como un número que se encuentra en la naturaleza. Para la ciencia y la historia oficial, el origen de la milla no tiene ninguna relación con las medidas de los astros, el Sol o la Luna. Su origen es puramente militar, práctico y terrestre, nacido de la necesidad del Imperio Romano de medir las distancias de sus calzadas para el desplazamiento de sus legiones. La palabra "milla" proviene directamente del latín mille passus, que significa literalmente "mil pasos". Sin embargo este sistema tan rudimentario para medir distancias terrestres no está a la par del nivel necesario para realizar obras de ingeniería como las pendientes de los acueductos. Como promedio oficial, los ingenieros buscaban una pendiente de apenas un 0.02% o 0.05%. Esto significa que por cada 100 metros de longitud, el acueducto solo descendía entre 2 y 5 centímetros. Pero esta milla no es la milla actual, cuando el Imperio Romano cayó, cada país, región e incluso cada ciudad de Europa adaptó la milla a su propia conveniencia local. Surgió la milla alemana, la milla escocesa, la milla española (legua) y la milla irlandesa. Ninguna medía lo mismo, porque, según los historiadores, se basaban en los pies o los pasos de los gobernantes de turno. Todas se alejaron de los 1,481 metros originales de los romanos, pero como veremos más adelante, las relaciones matemáticas entre ellas no son aleatorias. La milla de 2.160 millas (la que hace que la Luna parezca encajar con los números astronómicos) es la milla estatutaria inglesa. Como veremos en profundidad en un apartado posterior, su longitud exacta se fijó por ley en Inglaterra en el año 1593, bajo el reinado de Isabel I. Para la ciencia, la milla moderna de 5.280 pies nació de una decisión política y comercial en la Inglaterra del siglo XVI para unificar una medida basada en pasos de soldados romanos y unidades de medida tradicionales inglesas basadas en surcos arados por bueyes medievales y atribuye a la casualidad que una era dure 2.160 años y que, al mismo tiempo, el diámetro de la Luna sea de 2.160 millas. Cuando, yendo un paso más allá, la ciencia observa que el radio del Sol es de 432.000 millas sigue dando la misma respuesta: es casualidad. Yendo más allá, si el radio del Sol es 432.000, su diámetro es de 864.000; si lo comparamos con el diámetro de la Luna hay una relación de 1/400. Esta proporción, que es claramente visible porque hace que en la Tierra haya eclipses perfectos (corona solar), relaciona al Sol, la Luna y a la Tierra y es una prueba más de que en el cosmos hay un orden que no es aceptado por la ciencia oficial. La postura de la ciencia, una vez más, es de que esto es una absoluta casualidad del tiempo cósmico en el que nos ha tocado vivir. En nuestra época actual, el Sol es aproximadamente 400 veces más grande en diámetro que la Luna. Sin embargo, por puro azar, el Sol también se encuentra unas 400 veces más lejos de la Tierra que la Luna. Afirman que la Luna se aleja de la Tierra a un ritmo constante de 3,8 centímetros por año debido a la fricción de las mareas. Esto altera la geometría del fenómeno a lo largo del tiempo de manera que en unos 600 millones de años la Luna se habrá alejado tanto que su tamaño aparente en el cielo será demasiado pequeño para cubrir el Sol. A lo largo de la exposición iremos viendo muchas otras relaciones matemáticas entre las unidades de medida y seguiremos analizando el verdadero origen de la milla.
Hacia el 2300 a.C, la civilización Kish llega a su fin y surge el imperio Acadio con capital en Accad, la cual no se ha encontrado. Sippar está separada de Kish por 66 kilómetros. Algunos historiadores consideran que Sippar puede ser la Accad o Agadé, la capital del imperio acadio no encontrada. Sippar dista 6,6 kilómetros de Tell ed-Dêr, lugar que se considera ciudad hermana de Sippar; Sippar de Shamash (el dios del Sol, hoy el yacimiento de Abu Habbah) y Sippar de Annunitu (la diosa de la guerra, hoy el yacimiento de Tell ed-Dêr). En el apartado que sirve como marco geohistórico y conceptual, vimos que Enoc, el séptimo patriarca desde Adán, representa la iniciación en las leyes cósmicas, espirituales y sutiles del universo. La mitología comparada y la asiriología han descubierto que el personaje bíblico de Enoc se inspira en un rey y en un sabio que estaban estrechamente vinculados a Enki (Véase el parecido de los nombres). En la famosa Lista de Reyes Sumerios, el equivalente directo de Enoc es el rey Enmeduranki. Enoc es el séptimo patriarca desde Adán en el Génesis y Enmeduranki es el séptimo rey antediluviano de las listas sumerias. El mito sumerio cuenta que Enmeduranki fue llevado al cielo por los dioses para sentarse en un trono de oro y recibir los secretos del universo. Como vimos anteriormente, de forma idéntica, el Génesis dice que Enoc "caminó con Dios y desapareció, porque Dios se lo llevó" (ascendió al cielo sin morir). Enmeduranki gobernaba Sippar, la ciudad del dios del Sol (Shamash). Como guiño astronómico a esto, la Biblia establece que Enoc vivió exactamente 365 años antes de ser llevado por Dios (el número de días de un año solar). Enmeduranki (el prototipo de Enoc) no actuaba solo; tenía a su lado a su sabio consejero (Apkallu), llamado Utu-abzu. Las crónicas mesopotámicas afirman que este sabio Utu-abzu ascendió al cielo siguiendo las instrucciones de Enki. Por lo tanto, el Enoc bíblico es en realidad una fusión de dos figuras sumerias: el séptimo rey (Enmeduranki) y el sabio que dominaba los secretos de Enki. En los mitos sumerios (como el Poema de Atrahasis), es el dios Enki quien ama a la humanidad y decide salvarla en secreto del diluvio enviado por su hermano Enlil. Sin embargo, cuando los autores del Génesis reescribieron la historia para adaptarla a un solo Dios, no podían tener a un "dios secundario" salvando humanos. Como la ciudad de Sippar en su conjunto era el epicentro de la sabiduría que Enmeduranki entregó, las dos Sippar se convirtieron en el hogar de las escuelas de escribas más famosas de la historia. De hecho, en el yacimiento de Sippar de Annunitu (Tell ed-Der), los arqueólogos descubrieron la famosa Casa de Ur-Utu, un archivo intacto con miles de tablillas de arcilla. Allí trabajaban los Ummanu, quienes custodiaban, copiaban y refinaban el conocimiento de los astros, los rituales y las matemáticas. Sippar de Annunitu dista 66 millas náuticas de la mezquita de Alí de Nayaf. La teología chiita sostiene que el mausoleo central de Nayaf no guarda un solo cuerpo, sino tres. Al visitar el santuario o recitar las oraciones de peregrinación (Ziyarat), los fieles saludan formalmente a tres figuras: Adán, Noé y el Imán Alí. Según el relato tradicional, cuando Noé construyó el Arca para salvarse de la gran inundación, se llevó consigo los restos del Adán original. Tras el descenso de las aguas, Noé enterró a Adán en el suelo de Nayaf, y siglos más tarde, el propio Noé fue sepultado en el mismo punto exacto. Finalmente, tras el asesinato del Imán Alí en el año 661 d. C. en la vecina ciudad de Kufa, su cuerpo fue trasladado en secreto y enterrado en esa misma fosa sagrada para protegerlo de profanaciones. Como se adelanta en el apartado ‘Marco Geohistórico y Conceptual’, no queda más remedio que resolver este rompecabezas con los elementos que se disponen, sin embargo, la matemática de los alineamientos nos ayudará. En la mitología sumeria y acadia no existe un único personaje que encaje perfectamente con la figura de Adán, sino que, como en el caso de Enki/ Enmeduranki, el Adán bíblico es una fusión de dos conceptos mesopotámicos: el primer humano creado de arcilla (Adamu) y el primer sabio civilizado que perdió la inmortalidad (Adapa). Cuando los escribas hebreos recopilaron los relatos del Génesis durante su exilio en Babilonia, moldearon la figura de Adán basándose en estas dos tradiciones preexistentes. En los mitos de creación como el Atrahasis o el Enuma Elish, los seres humanos no existían originalmente. Los dioses menores (los Igigi) estaban cansados de trabajar la tierra y cavar los canales de los ríos, por lo que se rebelaron. Para solucionar el conflicto, el dios de la sabiduría, Enki (Ea), ideó un plan: mezcló arcilla de la tierra con la carne y la sangre de un dios menor sacrificado llamado We-ilu (que poseía racionalidad). Con esta mezcla, la diosa madre Ninhursag moldeó al primer espécimen humano viable, al que los textos llaman genéricamente Lulu ("el trabajador primitivo") o Adamu (que en lenguas semíticas locales significaba simplemente "hombre" o "humanidad"). Mientras que Adamu explica cómo se creó el cuerpo del hombre, el mito de Adapa (el primero de los Siete Sabios del que hablábamos antes) inspiró directamente la historia teológica de la "caída del hombre" y la pérdida del Paraíso. Nayaf no era una ciudad en la época sumeria, pero el altiplano desértico sobre el que se asienta sí estaba habitado. Justo al lado de la actual Nayaf se encontraba Al-Hira, una antiquísima ciudad. Cuando el Islam se asienta en la región y se construye la Mezquita de Alí en Nayaf, ocurre una asimilación cultural natural. La tradición local une el pasado geográfico con los nuevos textos sagrados. Dado que Noé es la evolución directa del Ziusudra sumerio (pasando por el Utnapishtim babilonio), el hecho de que la Mezquita de Nayaf afirme albergar la tumba de Noé es, a nivel antropológico, la forma en que el territorio de Irak retuvo la memoria de su héroe del diluvio. Por lo tanto, en nuestro mapa tenemos la ciudad de Enoc/Enmeduranki conectada a la tumba de Noé/Ziusudra y Adán/Adamu. Que Sippar sea la ciudad del Sol y Ur la de la Luna no es una mera coincidencia geográfica, sino la base de la teología legal de Mesopotamia. En una civilización que entendía las ciudades como reflejos terrenales del mapa del cielo, esta dualidad representaba el equilibrio perfecto del universo y de los Me divinos. Esta polaridad celeste guardaba un profundo significado simbólico y práctico a nivel cultural. En el panteón mesopotámico, el dios de la Luna, Nanna (adorado en Ur), era el padre de Shamash, el dios del Sol (adorado en Sippar). Al ser el dios-padre, la Luna tenía prioridad cronológica. El día mesopotámico no empezaba al amanecer, sino al caer la noche, con la salida de la Luna. Ur representaba el origen del tiempo, la sabiduría mística, la fertilidad y el cómputo del calendario. Sippar (El Sol), representaba al dios-hijo, la luz cegadora que disipa las tinieblas de la ignorancia. Si el templo de Ur escrutaba la noche para medir los meses, el de Sippar lo hacía durante el día. Al estar dedicada a Shamash (el Sol), Sippar era la capital jurídica por excelencia. La lógica sumeria dictaba que el Sol, al viajar por el cielo alto, lo veía todo y nada quedaba oculto a sus ojos. Por eso Shamash era el juez de los dioses y los hombres. De hecho, es el dios Shamash quien aparece en los relieves entregando la "Vara y el Aro" a reyes legisladores como Hammurabi.
Aunque los babilonios no llamaran a su ubicación "paralelo 33", la posición geográfica real de Sippar (que se encuentra exactamente a 33° 03' N) sí afectaba de forma práctica cómo veían el Sol. Al estar a una latitud de 33°, durante el solsticio de verano el Sol alcanza una altura máxima en el cielo de aproximadamente 80.5° (muy cerca del cenit, la vertical perfecta), mientras que en el solsticio de invierno cae a unos 33.5°. Estas diferencias tan marcadas entre estaciones hacían que la observación de las sombras proyectadas por estacas u obeliscos (gnomon) fuera ideal en esa zona para calcular los solsticios, los equinoccios y la duración exacta del año solar. Los 365 años de Enoc no son un número al azar, sino un código astronómico explícito introducido por los autores del Génesis para vincularlo directamente con el sol y con el mito original de la ciudad de Sippar. Hay una intención directa de los escritores antiguos de relacionar a Enoc con el sol, el calendario y la ciencia de Sippar. Para los sumerios y babilonios, la ciencia no era algo separado de la religión; la astronomía era una revelación divina y Enmeduranki/Enoc fue el canal humano elegido para recibirla. En las tablillas cuneiformes que narran su historia, se detalla de forma muy clara cuál era ese "conocimiento secreto" que los dioses le entregaron en Sippar: el “secreto de Anu, Enlil y Ea” (la estructura misma del cosmos) y las Tablas de los Dioses, que contenían los fundamentos de la matemática sexagesimal y los ciclos de los astros. Enmeduranki no era solo un rey en un cuento; era el "Patrón Fundador" del gremio de los astrónomos y científicos de Mesopotamia (los Ummanu). Cada vez que un astrónomo calculaba un ciclo lunar en Ur o un año solar en Sippar, justificaba su autoridad científica diciendo que estaba usando el conocimiento sagrado que Enmeduranki había bajado del cielo antes del Diluvio.
Siglos antes de que se redactara el libro del Éxodo, la literatura mesopotámica ya copiaba un texto conocido como La Leyenda del Nacimiento de Sargón. En este relato en primera persona, Sargón cuenta: «Mi madre fue una suma sacerdotisa, a mi padre no lo conocí... Mi madre me concibió en secreto y en secreto me dio a luz. Me colocó en una cesta de juncos y selló mi puerta con betún. Me arrojó al río, del cual no pude escapar. El río me llevó hasta Aqqi, el aguador... quien me sacó al sumergir su cubo y me crió como a su propio hijo». El paralelismo con el nacimiento de Moisés en el Éxodo, escrito por el propio Moisés es exacto. En el libro del Génesis (capítulo 10), se detalla la genealogía de los hijos de Noé tras el Diluvio Universal. Allí se menciona a un personaje llamado Nimrod (Nemrod), descrito como el «primer poderoso en la tierra». El texto bíblico dice explícitamente: «Y fue el comienzo de su reino Babilonia, Uruk y Acad (Agadé) en la tierra de Sinar. De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive». Muchos investigadores sostienen que el rey Nimrod de la Biblia es un eco distorsionado del propio Sargón de Acad; ambos son recordados como los primeros constructores de imperios tras el Diluvio, el territorio geográfico de sus conquistas es idéntico, ambos empezaron unificando el sur (Sinar/Sumeria) fundando o engrandeciendo Acad, y luego marcharon al norte a conquistar Asiria, incluso la mención bíblica de que Nimrod es hijo de "Cush" podría ser un error de copia posterior con la ciudad sumeria de Kish, el lugar exacto donde el Sargón histórico inició su carrera política. Esto lo vamos a retomar más adelante.
En la mitología sumeria, ‘me’ es un conjunto de decretos preordenados inmutables de los dioses que fundamenta las instituciones sociales, las prácticas religiosas, las tecnologías, los comportamientos, costumbres y las condiciones humanas que hacen posible la civilización. Son leyes fundamentales para que los sumerios entiendan la relación entre los humanos y los dioses y garanticen el equilibrio del universo y con ello, la sociedad. Son las reglas del juego del Universo. Según detalla el poema "Enki y el orden del mundo", los 'me' eran poseídos originalmente por el dios Enlil y luego entregados para su custodia al dios de la sabiduría, su hermano Enki, quien los gestionaba en los distintos centros sumerios comenzando con su propia ciudad Eridu y continuando con Ur. Enki, como dios de las artes, los oficios, la metalurgia y la civilización humana, viaja por la tierra estableciendo fronteras nacionales y asignando a cada dios menor su rol en el universo. Al ser Enki el dios de la sabiduría, la magia y las aguas dulces subterráneas (Abzu), él era el único con el ingenio necesario para administrar, organizar y distribuir estos decretos divinos con el fin de activar la civilización en la Tierra. Enki decide que el conocimiento contenido en los Me debe ser transmitido a los seres humanos. Para lograrlo sin que la humanidad se destruyera, creó a los Apkallu (conocidos en sumerio como Abgal y llamados los Siete Sabios). Enki les entregó las leyes morales, las artes, las ciencias y los oficios técnicos (los Me). Los Sabios viajaron a las primeras ciudades sagradas anteriores al diluvio (como Eridu, Ur o Shuruppak) para enseñar activamente a los humanos cómo construir templos, cómo cultivar la tierra, cómo escribir y cómo organizarse bajo un código legal. El fin de la era de los Sabios ocurre con la gran inundación. Tras el Diluvio Universal, los Apkallu regresaron a las profundidades con Enki. A partir de ese momento, la custodia de los Me y del conocimiento en la Tierra pasó a manos de sacerdotes y eruditos completamente humanos, a quienes los textos mesopotámicos llaman los Ummanu. A diferencia de los míticos Apkallu (los hombres-pez), los Ummanu eran eruditos, astrónomos y sumos sacerdotes de carne y hueso que dejaron su firma y su linaje grabados en tablillas de arcilla. El seguimiento de estos sabios humanos se realiza a través de pruebas arqueológicas e históricas muy precisas. En la década de 1960, los arqueólogos descubrieron en la ciudad de Uruk una tablilla conocida como la Lista de Reyes y Sabios de Uruk (que data de alrededor del año 200 a.C). Esta tablilla es un "árbol genealógico del conocimiento" donde los escribas mesopotámicos emparejaron a los reyes históricos con sus asesores principales. La lista comienza nombrando a los reyes anteriores al diluvio junto a sus sabios divinos (Apkallu). Tras la línea que marca el Diluvio, la tablilla cambia de término y empieza a listar a los Ummanu (los sabios humanos). Gracias a esta y otras listas, sabemos los nombres de los científicos y literatos reales que moldearon el pensamiento mesopotámico. El seguimiento histórico de los Ummanu, a veces cruza las fronteras de Mesopotamia, la lista de Uruk menciona que durante el reinado del rey asirio Esarhaddon, el Ummanu oficial era Aba-Enlil-dari, "a quien los arameos llaman Ahikar". Este sabio humano fue tan real e influyente que su historia y sus proverbios se tradujeron al arameo, al siríaco y al griego, y fragmentos de su libro de sabiduría fueron encontrados en papiros del antiguo Egipto. Como muestra el siguiente apartado, el ‘me’ sumerio se transmitió a Egipto y allí se le llamó ‘maat’, en ambos casos constituyen la base de un orden o armonía universal que imperan en el mundo desde su origen y es necesario conservar. El mito egipcio cuenta que antes del universo solo existía el Nun (el caos acuático primordial). Cuando el dios creador (Atum-Ra) se autogeneró y puso orden al caos, el Ma'at nació en ese mismo instante como la fuerza reguladora que permitía que el sol saliera, los ríos fluyeran y el mundo funcionara. El deber sagrado del Faraón era "vincular" el Ma'at a la Tierra mediante leyes y rituales. El Dharma del hinduismo es el equivalente más exacto al Ma'at egipcio y, en menor medida, al Me sumerio. El Dharma (derivado de la raíz sánscrita dhr, que significa "sostener" o "mantener") no es simplemente una religión, sino la fuerza que sostiene el universo. Si la Ma'at se rompe, el mundo cae en el caos (Isfet). Si el Dharma se debilita, el universo entra en una era de oscuridad y desorden (Adharma). Ambos conceptos dictan cómo deben moverse los astros y los ríos (orden natural), pero también cómo deben comportarse los seres humanos en sociedad (orden moral y legal). En el hinduismo, el objetivo del culto reside en el mantenimiento y prolongación del 'dharma’. A menudo se cataloga a Shiva de forma simplista como "el Destructor" dentro de la Trimurti (la trinidad hinduista), sin embargo su rol es de disolución o transformación, cuando el adharma (el caos, la injusticia y la ignorancia espiritual) satura el universo al final de un ciclo (Yuga), el deber dhármico de Shiva es disolver esa realidad corrompida. Esta destrucción no nace de la maldad, sino de la compasión y el deber cósmico: limpiar lo viejo y lo decadente para permitir que un nuevo ciclo de creación virtuosa comience de nuevo. Posteriormente veremos más relaciones entre estas tres civilizaciones. En la cosmovisión hinduista también hay unos sabios, son siete supervivientes del Diluvio (Pralaya) que subieron a la barca del patriarca Manu, son los Saptarishi o los Siete Sabios. Pero en este caso los sabios cruzan el umbral del diluvio dentro de la barca y es después del cataclismo cuando despliegan formalmente la transmisión de las ciencias al nuevo mundo. En Mesopotamia, el esquema funciona casi al revés marcando una clara división entre "lo divino" y "lo humano"; la edad de oro de la ciencia pura ocurre antes de la inundación. Los siete Apkallu originales (los hombres-pez de Enki) fundan las ciudades y enseñan los Me directamente a los reyes antediluvianos. Cuando los dioses envían el diluvio, los Apkallu míticos no suben a la barca de Ziusudra/Noé. En su lugar, regresan enfurecidos o retirados por Enki a las profundidades del océano primordial (el Abzu), rompiendo el contacto directo con la superficie. La humanidad posterior al diluvio se queda "huérfana" de maestros divinos. Es aquí donde aparecen los Ummanu, que son sabios puramente humanos. Ellos no heredan el conocimiento de forma mágica; tienen que dedicarse a desenterrar, compilar, descifrar y copiar las tablillas de los antiguos para intentar reconstruir la ciencia perdida de los Apkallu. En los textos sagrados como el Matsya Purana, los Saptarishi (los Siete Sabios) ya existían y poseían el conocimiento sagrado antes de la gran inundación (Pralaya). Sin embargo, el mito pone todo el énfasis en su supervivencia. El dios Vishnú (encarnado como el pez gigante Matsya) le ordena al patriarca Manu construir un gran barco. Vishnú le indica explícitamente a Manu que debe llevar a bordo las semillas de la vida y a los Siete Sabios. Los sabios actúan como una "cápsula del tiempo" intelectual. Al salir de la barca en el nuevo mundo, revelan los Vedas, restablecen el Dharma y enseñan las ciencias refinadas a la nueva humanidad. Por lo tanto, para los humanos del ciclo actual, los sabios y su conocimiento consolidado aparecen formalmente después del diluvio. A pesar de que el hinduismo enfatiza la preservación en la barca y Mesopotamia enfatiza la pérdida y posterior reconstrucción, el núcleo de ambos mitos es idéntico: las ciencias refinadas de la humanidad (astronomía, matemáticas, leyes) tienen un origen pre-diluviano y sagrado, y se necesitó de un grupo selecto de "siete mentes superiores" para que ese conocimiento cruzara el abismo de la destrucción destructiva del agua.
El símbolo de la ‘Vara y el Aro’ se relaciona directamente con todo este sistema de transmisión de conocimiento, orden cósmico y autoridad divina, representa la manifestación visual más pura de los Me divinos siendo otorgados a los líderes de la Tierra. Es un símbolo de origen sumerio y lo suele portar un dios o una diosa, en la mayoría de los casos, es ofrecido a un rey que está de pie, haciendo un sacrificio o mostrando respeto. Científicamente, se ha demostrado que estos objetos son una vara de medir y una cuerda de topógrafo enrollada, pero no son herramientas de construcción ordinarias: representan la justicia, la geometría cósmica y las leyes del universo. La Vara representa la línea recta del tiempo lineal, la vida temporal y lo medible (los ciclos humanos). El Aro representa el círculo perfecto de la eternidad, el tiempo cíclico infinito y la inmortalidad. Juntos, entre otras cosas simbolizan el poder absoluto de los dioses para crear, mantener y disolver el tejido del universo. Los Apkallu (los siete sabios) aparecen en los relieves asirios portando otros objetos de poder ritual (como el cubo y la piña para bendecir), pero su misión existencial era ser los guardianes y ejecutores de la justicia y la arquitectura simbolizadas por la Vara y el Aro. Ellos enseñaron a los hombres a usar "la regla y el cordel" para edificar las primeras ciudades. Cuando los Ummanu heredaron esta tradición, su trabajo como matemáticos y astrónomos consistía, literalmente, en seguir "midiendo" el cielo y la tierra con las proporciones sagradas que este símbolo representa. En un apartado posterior veremos que las Siete Leyes de Noé (o Preceptos Noájidas) representan el código moral mínimo y universal que Dios exige a toda la humanidad para que el mundo sea habitable y no vuelva a caer en la destrucción. Aunque no son idénticos en su forma, conceptualmente, los dos mitos cumplen exactamente la misma función teológica y estructural; dos culturas distintas (la mesopotámica y la hebrea) diseñaron para responder a la misma pregunta: ¿cómo recibió la humanidad las reglas básicas para convivir y estar en armonía con lo divino tras el caos primordial?
La representación más conocida de la Vara y el Aro se ve en la estela de diorita del Código de Hammurabi, donde el rey, de pie en actitud de adoración, recibe la Vara y el Aro del dios Shamash. La representación más elaborada se encuentra en la estela de Ur-Nammu, donde el rey es investido por el dios lunar Nanna, recibiendo el símbolo. También es muy conocido el relieve de Inanna, ‘La Reina de la Noche’, que porta el símbolo en cada mano y que está representada pisando dos leones, símbolo del dominio del orden sobre el caos natural. Es evidente la relación entre el "Amo de los Animales" el valle del Indo y la iconografía de Inanna/Ishtar, es una evolución directa del mismo arquetipo mitológico, pero llevado a su máxima expresión de poder institucional. En la iconografía de Gilgamesh, el héroe sujeta a dos leones o tigres por el cuello. Simboliza el esfuerzo del hombre por domar las fuerzas salvajes de la naturaleza para poder fundar la civilización y el comercio. La figura del amo de los animales (Pashupati) de Mohenjo Daro ya no es el chamán primitivo de una cueva paleolítica, sino un símbolo adaptado a una de las civilizaciones urbanas más avanzadas, organizadas y planificadas del mundo antiguo. Sin embargo, aunque opera en el mismo contexto urbano que Gilgamesh, el símbolo del Valle del Indo representa una solución filosófica radicalmente opuesta a la de Sumeria. Mohenjo-Daro y Harappa eran metrópolis muy organizadas, con sistemas de alcantarillado perfectos, baños públicos y calles en cuadrícula. Pero a diferencia de la Uruk de Gilgamesh o las ciudades sumerias, en el Valle del Indo no se han encontrado palacios monumentales, grandes templos reales, armas de guerra masivas ni estatuas de reyes glorificando batallas. Gilgamesh es el rey guerrero con murallas que usa la fuerza militar y técnica para conquistar y someter la naturaleza salvaje exterior. El señor de los animales "proto-Shiva" de Mohenjo-Daro refleja una élite o sociedad volcada hacia la estabilidad, la integración y el orden ritual. En el sello, la figura no está cazando fieras, estrangulando leones (como los clásicos de Mesopotamia) ni construyendo muros, está sentado sobre una plataforma o trono bajo, en una postura de Mulabandhasana (una posición de yoga avanzada de introspección).Tiene los ojos entornados y está en perfecta quietud y los animales salvajes (el tigre, el elefante, el rinoceronte) lo rodean, pero no están huyendo ni siendo atacados; están pacificados. El héroe occidental lucha contra los animales para someterlos. Inanna no necesita luchar contra las bestias; ella está literalmente por encima de ellas. Al representarla de pie, pisando con garras de ave los lomos de dos leones sumisos, los sumerios y babilonios querían demostrar que la diosa no solo domaba la naturaleza, sino que los depredadores más letales eran su trono y su posesión. El caos ya ha sido vencido y ahora sirve a la divinidad.
En Mesopotamia, si no se medían los terrenos de cultivo de forma exacta después de una inundación, algo que ocurría de manera habitual, la sociedad colapsaba en guerras civiles por la propiedad de la tierra. Tener la vara y el aro significaba que el dios le otorgaba al rey el poder matemático y legal para trazar canales de agua, edificar muros y fijar fronteras inmutables. Medir la tierra era, literalmente, poner orden en el mundo salvaje. La vara de medir y la cuerda simbolizan el equilibrio de fuerzas entre lo divino y lo humano, por lo tanto, la sublevación contra un rey sumerio, o un faraón egipcio, era una acto contra la naturaleza del orden universal. La realeza, de esta manera, es sacralizada por los dioses y asegura su continuidad, es un símbolo sobre la ordenación del mundo, sobre la ingeniería social que veremos a lo largo de esta cronología.
El símbolo sumerio de la vara y el aro y el sistema sexagesimal están profundamente entrelazados. En la cosmovisión mesopotámica, las matemáticas no eran una abstracción puramente teórica, sino un instrumento divino para dar forma y orden al universo físico. El aro representa conceptualmente la circunferencia divina y el orden cíclico del tiempo cósmico. Los sumerios dividieron el círculo basándose en el triángulo equilátero (la forma más estable de la geometría). Al colocar seis triángulos equiláteros dentro de un círculo, sus vértices tocan el perímetro perfectamente, dividiendo el anillo en 6 secciones de 60 grados cada una, lo que da el total de 360 grados de la circunferencia. La vara y el Aro juntos representan la relación matemática intrínseca entre el radio lineal (la vara) y la circunferencia (el aro). Para los sumerios, el número 60 era la clave armónica que permitía correlacionar el espacio curvo (los astros, el cielo) con las medidas lineales de la Tierra. Cuando el dios Shamash le entrega la vara de medir y el aro de cuerda al rey en los relieves, le está otorgando los patrones de medida físicos estandarizados que corresponden a esa matemática divina. La longitud de la vara y el diámetro del lazo no eran aleatorios; eran las unidades métricas maestras basadas en el sistema sexagesimal que el monarca debía aplicar en la arquitectura sagrada para que las edificaciones terrestres "resonaran" con las proporciones celestes. Incluso la propia escritura de los números en las tablillas de arcilla evoca la Vara y el Aro; en el sistema de notación sumerio primigenio, el número 1 se representaba mediante una pequeña cuña vertical o trazo lineal (la vara). El número 10 solían representarse con una marca circular o punzonado redondo en la arcilla (el aro). Lo extraordinario de este sistema es cómo la combinación de la vara (línea) y el aro (círculo) se repetía de forma fractal hacia el infinito para construir el sistema de base 60. Los sumerios multiplicaban alternando factores de 10 y de 6 de la siguiente manera: una unidad se representaba con una pequeña vara (muesca alargada). Una decena con un pequeño aro (círculo pequeño). El sesenta con una "Gran Vara" (una muesca alargada mucho más grande). El seiscientos con un "Gran Aro con Vara" (un círculo que contenía la muesca de la vara en su interior). El tres mil seiscientos (3600 = 60x60): Un "Gran Anillo Vacío" (un círculo enorme grabado en la arcilla, el símbolo matemático ŠÁR). De este modo, cada vez que un escriba mesopotámico registraba matemáticas complejas en base 60, estaba plasmando literalmente el juego de la vara y el aro en la arcilla. La élite gobernante mantenía a la sociedad operando en sintonía con la misma geometría sagrada que los "dioses" o seres avanzados les habían entregado para medir el planeta tras el cataclismo. Más adelante veremos que las proporciones entre el sistema sexagesimal y las unidades de medida metro y milla contienen esta misma magia de resonancia geométrica. La magia de la Vara y el Aro aún opera hoy en día y de múltiples formas, aunque nuestros números actuales provienen de la evolución del sistema indoarábigo y no directamente de las cuñas de arcilla mesopotámicas, la estructura mental, psicológica y geométrica subyacente es exactamente la misma: el 1 representa la unidad lineal (la vara) y el 0 representa la totalidad cíclica o el vacío que contiene todas las cosas (el aro). El 1, la Vara, es el principio activo, masculino, el rayo de luz, la dirección, el eje, el vector, el gnomon que divide el espacio, la presencia absoluta. El 0, el Aro, es el principio pasivo, femenino, la matriz, el circuito cerrado, el orbe celeste, el infinito y, al mismo tiempo, el vacío potencial esperando ser medido o llenado. La dualidad del 1 (la línea/la vara) y el 0 (el círculo/el aro) no se quedó atrapada en las tablillas de arcilla de Sumeria. Se transformó, sobrevivió y se codificó en las herramientas más sagradas de los gremios de constructores y las tradiciones místicas de todo el mundo, siendo la escuadra y el compás su máxima expresión. La Escuadra (el 1 / la Línea) genera líneas rectas y ángulos rectos de 90 grados. Representa la materia, la Tierra, la rectitud moral, el vector medible y la fijeza física. Es el equivalente de la vara. El Compás (el 0 / el Círculo), gira sobre un eje central fijo para trazar una circunferencia perfecta de 360 grados. Representa el espíritu, el Cielo (la bóveda celeste circular), el infinito, los límites del universo y el plano divino. Es el equivalente directo del aro. En infinidad de grabados medievales y renacentistas, Dios o el "Gran Arquitecto del Universo" es retratado sosteniendo un compás gigante con el que traza el límite circular del cosmos a partir del vacío (el cero). Si viajamos al extremo oriente, encontramos exactamente la misma iconografía vinculada directamente al mito de la repoblación del mundo tras un cataclismo masivo; los hermanos y esposos divinos Fuxi y Nuwa son los únicos supervivientes de una gran inundación universal. Tienen la tarea de recrear la humanidad y restaurar el orden cósmico. En las pinturas iconográficas chinas más antiguas (encontradas en las tumbas de la dinastía Han), Fuxi y Nuwa aparecen con sus colas de serpiente entrelazadas. Fuxi sostiene una escuadra (para medir la Tierra plana/línea) y Nuwa sostiene un compás (para trazar el Cielo circular/círculo). Nuevamente, la reconstrucción del mundo tras el diluvio requiere el dominio de la línea (1) y el círculo (0). En la informática moderna, el procesador de tu computadora o teléfono no entiende de palabras, imágenes o colores; solo procesa pulsos eléctricos. El 1 (la Vara / el Impulso) representa el paso de corriente eléctrica. Es el bit encendido (ON), el vector de energía, la afirmación, la presencia. Es idéntico a la vara sumeria: el eje rígido que marca un punto de luz o realidad. El 0 (el Aro / el Vacío) representa la interrupción de la corriente. Es el bit apagado (OFF), el circuito abierto o contenedor vacío, la ausencia. Es idéntico al aro o círculo sumerio impreso en la arcilla: un espacio delimitado que no contiene un trazo central, pero que sirve como la matriz que da sentido a la línea. Toda la complejidad digital del siglo XXI (inteligencia artificial, videojuegos, internet) se crea combinando miles de millones de estas dos únicas opciones: encendido (1) y apagado (0); varas y aros eléctricos. La conexión no es una libre interpretación; el mismísimo inventor del sistema binario moderno, el matemático Gottfried Leibniz (siglo XVII), llegó a este descubrimiento inspirado por la geometría sagrada antigua. Leibniz perfeccionó el código binario tras estudiar los hexagramas del I Ching (el libro sagrado de la antigua China, íntimamente ligado a los mitos post-diluvianos de Fuxi y Nuwa). Descubrió que los sabios antiguos ya habían ordenado el universo usando solo dos elementos: la línea continua (Yang / el 1 / la vara) y la línea rota o abierta (Yin / el 0 / el espacio/aro). Leibniz entendió que la rectitud y la apertura eran el alfabeto con el que Dios calculó el universo. Fuxi tiene un mausoleo en China, también en el paralelo 33º, y también forma parte de esta red de alineamientos. En su origen histórico y filosófico, el Feng Shui fue creado exclusivamente como una ciencia funeraria. En la antigua China, esta práctica se dividía en dos ramas: el Yang Zhai, el Feng Shui de las viviendas para los vivos. Y el Yin Zhai (el original), el Feng Shui de las casas de los muertos (las tumbas). El texto fundamental del que nace el término "Feng Shui" es el Zang Shu (Libro de los Entierros), escrito por el místico taoísta Guo Pu en el siglo IV o V d.C. La premisa de esta relación se sostiene bajo tres pilares fundamentales que vinculan la muerte con la energía de la Tierra. El Zang Shu establece un principio físico-espiritual revolucionario: «El entierro cabalga sobre el Qi». La teoría sostiene que los seres humanos recibimos la forma y el cuerpo de nuestros padres. Cuando una persona muere y sus restos (huesos) son enterrados, estos siguen actuando como una "antena" magnética o biológica. Si los huesos del ancestro se colocan en un punto de la Tierra donde el Qi (la energía telúrica de las Venas del Dragón) está concentrado, estable y fluye en armonía, el esqueleto absorbe esa energía pura. Esa energía positiva se transmite directamente a los descendientes vivos, otorgándoles salud, riqueza y claridad mental. Si la tumba está en un lugar caótico o estancado, el linaje sufrirá desgracias y reveses económicos. El mausoleo de Fuxi, en China, situado en el paralelo 33, dista 3.333 millas náuticas del monte Ararat. Desde la perspectiva de la mitología comparada y la historia alternativa, Fuxi es considerado el equivalente exacto de Enoc en la tradición oriental. Ambos personajes representan el mismo arquetipo universal: el "eslabón" o custodio que unió el conocimiento de la civilización pre-diluviana con la humanidad que repobló el mundo tras el cataclismo. Tanto a Enoc como a Fuxi se les atribuye haber entregado a la humanidad las herramientas científicas básicas para medir y comprender el universo. Enoc, según los textos del Libro de Enoc, recibió de los ángeles (los Vigilantes) el conocimiento de la astronomía, el calendario de 365 días, la geometría y, sobre todo, la escritura. Fue el primer escriba oficial de la humanidad. Fuxi, en las crónicas chinas se le atribuye la invención de la escritura (a través de los trigramas), el calendario solar, las leyes del matrimonio, la música y la pesca. Es el "primer sabio" que codifica la realidad. Es el creador de los 8 trigramas (Bagua) que dan origen al I Ching. En toda la iconografía antigua de China, Fuxi aparece sosteniendo una escuadra (la línea/la vara), mientras que su esposa Nuwa sostiene un compás (el círculo/el aro). Su propia representación iconográfica es el instrumento de geometría con el que se ordenó el mundo tras la gran inundación de la mitología china. Mientras que en el Próximo Oriente esa corriente de conocimiento se personificó en Enoc, en el Extremo Oriente el mismo fenómeno de transferencia tecnológica fue bautizado bajo el nombre de Fuxi. En el siguiente apartado descubriremos una tercera tumba de Noé conectada al monte Ararat y en el apartado dedicado al taoísmo analizaremos en profundidad el Feng Shui.
La ‘vara y el aro’ también se trasladó desde la civilización sumeria hasta Egipto y allí pasó a ser el anillo con sello (shen), una cuerda ovalada con los extremos anudados, nombrado posteriormente ‘cartucho egipcio’ por los franceses que llegaron a ese país en el siglo XIX. El símbolo es una cuerda anudada que rodea el nombre del faraón, protegiéndolo para la eternidad y delimitando dónde empieza el nombre y dónde acaba para no dar lugar a error. El Cetro Heqa y el Flagelo, el famoso cayado de pastor del faraón, representa la guía y la división rígida de las leyes. Vara, en griego, se escribe 'Kanon' y de ésta se origina la palabra canónico que significa 'conforme a la regla'.
En apartados posteriores también se retomará este tema, por ahora detengámonos en otra relación que se da entre Sumeria y el Antiguo Egipto. Según el Génesis, de la ciudad de Ur era originario el patriarca Abraham, cuyo nombre significa 'padre de multitudes' (judíos, cristianos y musulmanes consideran a Abraham el Padre de los Creyentes). En el Génesis 15, titulado ‘Dios hace una alianza con Abram’, se puede leer: “Yo soy el Señor; yo te saqué de Ur de los caldeos para darte esta tierra como herencia… Esta tierra se la daré a tus descendientes, desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates. Tanto Abraham como Moisés son representados con un bastón, es el origen del báculo pastoral que portan los obispos (la Vara). En el caso de Moisés, el bastón cobra gran importancia ya que es mencionado en el libro del Éxodo, en el pasaje de la zarza ardiente. Dios se aparece a Moisés y le pregunta qué lleva en la mano, Moisés le responde un bastón y milagrosamente, el bastón se convierte en una serpiente. A partir de ese momento será llamado el 'bastón de Dios' y será utilizado en el encuentro con el Faraón donde el bastón, convertido en serpiente se come las varas de los magos egipcios. Posteriormente será utilizado para sacar agua de la roca y dar de beber al pueblo hebreo e incluso para separar las aguas del Mar Rojo. La vara y el aro, el báculo pastoral, el caduceo de Hermes, la vara de Asclepio, el cetro del rey, la vara del alcalde, todos estos símbolos de poder tienen el mismo origen. En el caso de la vara del alcalde, obsérvese que la palabra alcalde proviene del árabe 'al-qadi', que significa juez y era, como indica su nombre, el juez, el funcionario público que dirimía las controversias surgidas entre los ciudadanos. Estos litigios, dado que en aquella época, de economía eminentemente agraria completamente ligada al suelo, versaban casi todos sobre cuestiones derivadas de las lindes de los campos y cultivos, o sobre el tamaño y longitud de las servidumbres de paso, o sobre las construcciones del vecino que ha excedido en sus dimensiones. Era entonces necesario tener que sujetar las decisiones a las resultas de mediciones indiscutibles y precisas, entonces en varas, cuartas, codos, palmos, pies, leguas, fanegas, etc. Así, por tanto, el alcalde podía dirimir las controversias, de manera incontestable, haciendo mediciones oficiales haciendo uso, para ello, de su vara oficial, símbolo de orden, cuya dimensión era respetada porque venía de una sentada tradición y no se discutía, siendo aceptada como medida homologada y referencia incuestionable.
Durante esta exposición vamos a ir comparando la narrativa del Génesis con la narrativa de la ciencia actual mediante la arqueología, la genética, etc, y como vamos a seguir la línea de Abraham desde su partida en Ur, intermitentemente nos situaremos en el contexto de los pueblos semitas que acabarán protagonizando importantes eventos de la historia en la zona del Levante y Egipto. El viaje de los pueblos semitas desde Sumeria hasta Canaán y Egipto revela que la migración de Abraham no fue un hecho aislado, sino el reflejo literario y teológico de oleadas de migraciones reales de pueblos semitas nómadas que transformaron el mapa del próximo oriente. Según los historiadores, hacia el año 2200 a.C, hubo un cambio climático severo que afectó profundamente a Sumeria y a toda la región de Mesopotamia acelerando la caída del imperio de Sargón de Acad (el primer imperio de la historia). Este fenómeno es conocido formalmente en geología como el Evento del Kiloaño 4.2 (o evento 4.2 ka BP) y consistió en una megasequía abrupta y global que se prolongó por casi dos siglos. Su impacto en la región fue tan devastador que desestabilizó por completo las estructuras sociales, políticas y económicas del área. Esto obligó a miles de personas del norte a migrar masivamente hacia el sur de Mesopotamia (el corazón de Sumeria), donde todavía quedaba algo de agua para el riego. Esta sobrepoblación colapsó los recursos de las ciudades sumerias del sur. La escasez extrema también empujó a tribus nómadas de las montañas y zonas áridas periféricas (como los gutis y los amorreos) a marchar hacia las tierras sumerias en busca de pastos y comida, desencadenando guerras que terminaron por arrasar la estabilidad política de la región. A pesar de que los sumerios vivieron un breve "Renacimiento Sumerio" poco después (con la Tercera Dinastía de Ur), la inestabilidad demográfica, la salinización de sus suelos y las constantes presiones ambientales iniciadas en el 2200 a.C, debilitaron permanentemente su civilización hasta que su cultura y lengua terminaron por diluirse. Los sumerios (lengua aislada) compartían el territorio con los acadios y amorreos (lenguas semitas), hacia el año 2000 a.C, coincidiendo con la caída de la Tercera Dinastía de Ur, el sumerio murió como lengua viva de la población. Fue completamente reemplazado en la vida diaria por las lenguas semitas (acadio, babilonio, asirio). El sumerio quedó congelado en el tiempo: se convirtió en un idioma misterioso, aislado y sagrado que solo los sacerdotes y escribas sabían leer y hablar para los rituales religiosos y la ciencia. Posteriormente veremos que este periodo está descrito en el Génesis con el pasaje de la Torre de Babel. Precisamente es a principios del siglo XVIII a.C, cuando Babilonia, donde se encuentran los cimientos de la Torre de Babel, empezó a adquirir verdadera importancia histórica.
La ciudad de Harran (en el sureste de la actual Turquía) era una colonia o puesto comercial avanzado fundado por mercaderes procedentes de la Ur sumeria. Debido a este lazo primordial, Harran adoptó el culto al Dios Luna de Ur, conocido en sumerio como Nanna (el dios que le entrega la vara y la cuerda de medir al rey). La población nativa que habitaba en el entorno de Harran era mayoritariamente semita (amorreos y arameos). Al recibir el culto a Nanna, lo tradujeron a su propio universo lingüístico. Comenzaron a llamarlo Sin (o Su'en). Para los imperios semitas posteriores (los asirios y los neobabilónicos), el dios Sin de Harrán se volvió tan poderoso que eclipsó al Nanna original. Reyes asirios como Asurbanipal reconstruyeron su templo y el último rey de Babilonia, Nabónido (cuya madre era la suma sacerdotisa de Harrán), intentó convertir a Sin en el Dios Supremo de todo su imperio, por encima del tradicional Marduk de Babilonia. Mientras los grandes imperios de Mesopotamia (Nínive, Babilonia, Persépolis) eran arrasados uno tras otro por las guerras, Harrán permaneció relativamente a salvo gracias a su ubicación en una encrucijada comercial clave. El culto al Dios Luna requería un conocimiento milimétrico del cielo, los eclipses y los ciclos matemáticos del calendario (heredados de la ciencia sumeria) y los sacerdotes de Harran se convirtieron en los mejores astrónomos y astrólogos del mundo antiguo.
En el Génesis, Dios le dice a Abraham "Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que te mostraré (Canaán)". A pesar de haber escuchado el llamado divino en Ur, Abraham no viajó solo ni llegó de inmediato a la Tierra Prometida, el patriarca Taré (el padre de Abraham) tomó el liderazgo del clan familiar y decidió emprender la marcha hacia Canaán, sin embargo, tras recorrer cientos de kilómetros siguiendo el río Éufrates, la familia se detuvo en la próspera ciudad de Harran y decidieron quedarse a vivir allí de forma permanente. Harran se convirtió en un lugar de comodidad y estancamiento generacional donde el clan echa raíces y acumula riquezas, frenando temporalmente el propósito divino. Desde Harran hasta el mausoleo de Noé en Najicheván hay 333 millas náuticas. A lo largo de la exposición se darán a conocer muchos lugares alineados con Najicheván porque el arquetipo de Noé es un eje central en esta exposición de alineamientos. Cuando analizamos tradiciones de civilizaciones separadas por miles de kilómetros y océanos, emerge un fenómeno asombroso, la humanidad comparte una misma memoria colectiva. Historias sobre cataclismos acuáticos globales, seres civilizadores celestiales y razas de gigantes extintos no son exclusivas de la Biblia. Se repiten con precisión en Oriente Próximo, Sumeria, India, China o la América precolombina. Estas coincidencias no son meras casualidades, son fósiles culturales: el eco místico y distorsionado de hechos históricos, climáticos y antropológicos reales que traumatizaron y dieron forma a nuestra especie en el amanecer de los tiempos. El mito del diluvio universal es el relato más compartido del planeta, cada cultura lo adaptó a su propia cosmovisión, en la tradición judeocristiana el diluvio es un juicio moral, Dios envía el agua para limpiar la Tierra de la violencia de los gigantes y la corrupción de los ángeles caídos. Ziusudra es el rey de Shuruppak (Sumeria) a quien el dios Enki advierte en secreto a través de una pared de cañas que los dioses enviarán un diluvio destructor. Ziusudra construye una barca colosal para salvar la semilla de la humanidad y los animales El Diluvio de Gun-Yu de la mitología china no se presenta como un castigo divino, sino como una inundación catastrófica que el héroe Yu el Grande logra domar mediante la creación de canales y un titánico esfuerzo de ingeniería. En la tradición hindú, el primer hombre, el rey Manu, es advertido por el dios Vishnú (encarnado en un pez) de que un diluvio inminente destruirá toda la vida. Manu construye un barco enorme y sobrevive en la cima de las montañas del Himalaya. Por otra parte, los gigantes prehistóricos aparecen en casi todas las mitologías como seres de fuerza descomunal pero defectuosos, violentos o caóticos, destinados a desaparecer. Los Nefilim del libro de Enoc y del Génesis son seres híbridos nacidos de la unión prohibida entre ángeles caídos y humanas. Generaron colosos que devoraban los recursos del planeta y tiranizaban a la humanidad antes de ser destruidos en el Diluvio. En la mitología china los gigantes Kuafu, una raza de seres colosales que habitaba el norte de China intentó perseguir y atrapar al Sol para ayudar a su pueblo, pero murió de sed en el intento, transformándose su cuerpo en elementos de la naturaleza. Así mismo el libro de Enoc también habla de una transmisión de conocimiento no permitida. En los textos védicos más antiguos, los Asuras eran una raza primordial de seres semidivinos, inmensamente fuertes y corpulentos, que dominaban el mundo material antes de entrar en una guerra cósmica eterna contra los Devas (los dioses celestiales). En el mito inca, antes de crear a los hombres a su imagen, Huiracocha modeló una raza de gigantes toscos tallados en piedra. Sin embargo, al ver que eran arrogantes y difíciles de controlar, decidió destruirlos mediante el diluvio andino, salvando únicamente a dos personas para repoblar la Tierra. En el centro de estos mitos siempre hay una transferencia de conocimiento: seres que bajan del cielo o emergen del mar para enseñar medicina, agricultura, astronomía y metalurgia, entre otros. Enoc actúa como el escriba que registra los secretos cósmicos. Los ángeles rebeldes son quienes introducen la tecnología avanzada en la Tierra (metalurgia, astronomía, cosméticos). Tras el diluvio, Huiracocha camina por los Andes disfrazado de mendigo, enseñando a los nuevos seres humanos las técnicas agrícolas, la domesticación de plantas, las leyes y las artes curativas. Figuras míticas como Fuxi o Shennong enseñaron a los primeros chinos el uso del fuego, la invención de la escritura, la medicina herbolaria y la labranza de la tierra. La mitología comparada demuestra que estas historias son la traducción espiritual y literaria de una misma historia humana global. Todos estos mitos y muchos otros que no se han mencionado tienen lugares geográficos asociados conectados a esta red de alineamientos. Por ejemplo, en el mapa de alineamientos que estamos realizando, podemos ver el monte Damavand, conectado a Anshan. El Damavand forma parte de este conjunto de lugares vinculados al arquetipo de Noé; el sabio rey Yamshid (o Yima) gobernaba una edad de oro donde la humanidad se multiplica tanto que la Tierra se queda pequeña. El dios supremo, Ahura Mazda, le advierte que se acerca un cataclismo. Sin embargo, el peligro no es un diluvio de agua, sino un invierno cósmico: una serie de inviernos feroces con nevadas destructivas que congelarán y matarán a todos los seres vivos. Para salvar la vida, Dios no le ordena construir un barco, sino un Vara: una inmensa fortaleza subterránea amurallada de tres niveles. Yamshid debe llevar allí las semillas de los hombres y mujeres más puros, los animales más sanos, plantas y fuegos sagrados para preservarlos de la glaciación hasta que la Tierra vuelva a ser habitable. Pero tras volverse arrogante, Yamshid pierde el favor de Dios y es asesinado por el tirano Zahhak (un usurpador demoníaco que tenía dos serpientes creciendo en sus hombros). Siglos después, el héroe Fereydun derrota a Zahhak. Guiado por un ángel, en lugar de matarlo, lo encadena de por vida dentro de una cueva en la mismísima cumbre del Monte Damavand. Como una pequeña muestra de lo que veremos más adelante, el complejo que forman Persépolis, Naqs e Rostam y la tumba de Ciro el Grande dista 666 kilómetros de la cumbre del Damavand, 666 millas náutica del mausoleo de Noé y 1.333 kilómetros de la cumbre del Ararat. Persépolis es el nombre que le dieron los griegos, los persas conocen estas ruinas como Tajt-e Yamshid (Takht-e Jamshid), que significa literalmente «El Trono de Yamshid». Al igual que hemos visto en Göbekli Tepe, en Persépolis hay una abrumadora y explícita presencia de animales esculpidos en piedra. En nuestro mapa de alineamientos, desde el apartado ‘Marco Geohistórico y Conceptual’ tenemos un alineamiento de 330 millas náuticas entre Göbekli Tepe y el mausoleo de Noé en Najicheván. Evidentemente hay un vínculo directo entre estos lugares y el mito del reinicio civilizatorio, que además en el caso de Persépolis es doble, sin embargo, según los historiadores, hay un momento en la historia donde la memoria real se borra por completo y ambos sitios se transforman en un palimpsesto cultural. Como se ha mencionado, el Feng Shui original (Zangshu o Libro de los Entierros) nació exclusivamente para localizar el lugar exacto donde enterrar a los ancestros reales. Se creía que si enterrabas a un líder en el "vórtice" o "agujero" exacto donde convergen las Venas del Dragón, su energía resonaría positivamente en todo el reino y estabilizaría la Tierra. Emplazamientos sagrados como el Mausoleo de Noé en Najicheván o la Tumba de Eva en Yeda, como veremos más adelante, no fueron elegidos por accidente. Son puntos de acupuntura planetaria. Los supervivientes avanzados localizaron geométricamente los nodos principales de las líneas de energía terrestres (las Venas del Dragón) y "clavaron" allí sus monumentos y tumbas simbólicas. Al hacer esto, estabilizaban magnética y geográficamente la zona tras el caos del cataclismo del Dryas Reciente Seguiremos identificando patrones porque a lo largo de la exposición surgirán otro lugares vinculados tanto al mausoleo de Noé en Najicheván como a Persépolis como al resto de lugares vinculados al mismo arquetipo.
Según los historiadores modernos, la ciudad de Bagdad no es una ciudad sumeria ni babilónica, sino una capital medieval fundada en el año 762 d.C, por el califa abasí Al-Mansur. El origen del nombre Bagdad significa "Dado por Dios" y la cifra correspondiente a los grados de su latitud es 33. En tablillas de arcilla cuneiformes del siglo XII a.C (durante la época babilónica) se menciona expresamente un asentamiento llamado Bak-da-du o Bagdadu y este mismo nombre aparece siglos más tarde en el Talmud de Babilonia (redactado entre los siglos III y V d.C) bajo la forma de Baghdatha, confirmando que un poblado con ese nombre existía mucho antes de la llegada del Islam. Como vimos anteriormente, el centro de Bagdad se encuentra a 660 kilómetros del mausoleo de Noé en Najicheván (Azerbaiyán). El nombre de la ciudad de Najicheván se interpreta en el sentido de "lugar del primer descenso" o "primer lugar de descanso" debido a que se considera el sitio donde Noé descendió y se estableció después del aterrizaje del Arca en el cercano Monte Ararat. Veamos que desde Bagdad hasta Gobekli Tepe hay la misma distancia, 660 kilómetros. Con éste último alineamiento se cierra un triángulo numerológico que tiene un ejemplo análogo en el apartado siguiente, dedicado al Antiguo Egipto. Cuando, según la Biblia, Dios hace salir a Abraham de su tierra en Ur y le hace emigrar a Canaán, Abraham pasa un tiempo viviendo en Harrán antes de llegar a Canaaán y Egipto. Harrán es de gran importancia en esta red de alineamientos como iremos viendo a lo largo de esta primera parte. Es el núcleo que centraliza el poder del área donde se encuentra Gobekli Tepe. Harrán es el asentamiento en el valle y Gobekli Tepe es el santuario en las montañas, como se puede observar en la orografía de una imagen satelital. Harrán también se conecta a Najicheván porque dista 333 millas náuticas. En el siguiente apartado, dedicado al Antiguo Egipto, veremos la importante conexión que hay entre Harrán, Najicheván y Egipto. Harrán era conocida por ser uno de los dos principales santuarios junto al de la ciudad de Ur (en los dos extremos de Mesopotamia) dedicados al culto del dios-Luna Nanna (el dios que le entrega la Vara y el Aro al rey).
Según los historiadores, la transmisión de conocimientos y tecnología desde la antigua Sumeria hacia Egipto se produjo durante la cultura Gerzeana o Naqada II, aprox. 3500-3200 a.C. A diferencia de las transmisiones posteriores a Grecia o a Roma, en esta época remota no existían imperios universales ni textos de traducción. La transmisión se dio a través de lo que los arqueólogos denominan la "Expansión de Uruk", un fenómeno de redes comerciales de larga distancia y difusión de ideas. Por tierra, las mercancías y las ideas salían de las ciudades sumerias, ascendían por los ríos Tigris y Éufrates hacia Harran, y desde allí descendían por la costa del mar Mediterráneo (Canaán y el Sinaí) hasta llegar al Bajo Egipto. Por mar, los mercaderes sumerios circunnavegaban la península arábiga a través del golfo Pérsico, bordeando las costas de Omán y Yemen, hasta adentrarse en el mar Rojo. Desde los puertos del mar Rojo, caravanas cruzaban el desierto oriental de Egipto a través de valles secos (wadis) como el Wadi Hammamat, conectando directamente con el Alto Egipto (donde florecía la cultura Naqada). Petroglifos egipcios de esta era muestran barcos de diseño típicamente mesopotámico en el desierto oriental. La ruta terrestre es reflejada en la Biblia; como veremos a lo largo de la exposición, el relato de Abraham en el Génesis funciona como un atlas de historia y tecnología que documenta los flujos migratorios, las redes comerciales y la transmisión de conocimientos entre las dos grandes cunas de la civilización, Mesopotamia y Egipto. En un entorno semiárido, el agua es sinónimo de soberanía y vida, quien posee la tecnología para encontrar y extraer agua subterránea controla el territorio. La actividad de Abraham y su hijo Isaac excavando pozos en Génesis 21 y Génesis 26, representa la introducción de un elemento civilizador fundamental. Los primeros egiptólogos (como Sir Flinders Petrie) se sorprendieron al descubrir que, justo antes del surgimiento de la Primera Dinastía faraónica, Egipto adoptó de golpe tecnologías y estilos artísticos que llevaban siglos desarrollándose en Sumeria. El cilindro sello es un invento puramente sumerio diseñado para rodar sobre arcilla blanda y autentificar propiedad o contratos. Se han encontrado decenas de estos cilindros de manufactura y estilo mesopotámico en tumbas predinásticas del Alto Egipto. Las primeras tumbas monumentales de los reyes egipcios en Saqqara y Abidos (las mastabas) adoptaron una técnica arquitectónica muy sofisticada consistente en muros de ladrillo decorados con paneles empotrados y nichos de entrada y salida. Este diseño geométrico era un calco exacto de las fachadas de los templos sumerios del período de Uruk. Objetos ceremoniales egipcios icónicos, como el famoso Cuchillo de Jebel el-Arak, muestran motivos artísticos netamente mesopotámicos como el "Señor de los Animales". El mismo que se encontró en el valle del Indo, mencionado antes.
Todos estos elementos nuevos que acaban de surgir en esta cronología serán analizados en los sucesivos apartados, por ahora y en virtud del orden cronológico veamos cómo se ha ordenado el Antiguo Egipto.