Asturias
Como vimos en el apartado dedicado a los apóstoles europeos, en el año 413, los visigodos habían invadido la ciudad de Tolosa (Toulouse) y en el año 427, en virtud con un pacto con el Imperio Romano habían entrado en la península al mando de Teodorico I para someter a otros pueblos germánicos de la península. Arrinconaron a los suevos en Gallaecia, acabaron con los alanos y obligaron a los vándalos a trasladarse a África. Los visigodos habían conseguido dominar gran parte de la península hacia el año 476, en el momento de la disolución del Imperio Romano. El reino visigodo de Tolosa es en ese momento el más importante de occidente y su capital se encuentra en Tolosa. Pocos años más tarde los visigodos son derrotados por los francos perdiendo así sus territorios del norte y teniendo que trasladar su capital hacia el sur, a la ciudad de Toledo. Desde el centro de Tolosa hasta el centro de Toledo hay 333 millas náuticas. Además, cuando los visigodos eligieron Toledo como su nueva capital se ubicaron exactamente a 330 millas del punto más septentrional de la península ibérica, el cabo Estaca de Bares, donde se encuentra un faro sobre una torre de 33 metros de altura. Allí se encuentra también una de las construcciones megalíticas más enigmáticas de España, la escollera de O Porto de Bares. En los siglos VI y VII los francos dominaban gran parte de Francia y Alemania y en el siglo VIII los visigodos son derrotados por los árabes perdiendo el control de la península ibérica. El valiato andalusí (o emirato dependiente) fue la primera etapa del dominio islámico en la península ibérica, desde el año 711 hasta el 756. Al-Ándalus era una provincia (valiato) del Califato Omeya de Damasco, gobernada por un valí (gobernador) que dependía a su vez del gobernador de Kairuán (Túnez) en el norte de África. En el apartado dedicado al Islam vimos que Abd-al Malik conquistó Cartago (698 d.C) y fundó, a unos 15 kilómetros de distancia, la ciudad de Túnez, conectándola al mausoleo de Noé en Najicheván mediante 1.666 millas náuticas y a la Kaaba mediante 3.330 kilómetros. Córdoba fue conquistada en el año 711 d.C (seis años después de la muerte de Abd al-Málik), la conquista de la península ibérica fue ejecutada por su hijo y sucesor, el califa Walid I. Además de consolidar el imperio desde Siria, Abd al-Málik es universalmente famoso por haber ordenado la construcción de la majestuosa Cúpula de la Roca en Jerusalén. La misma que se encuentra a 666 millas náuticas de la Kaaba. Desde que fue conquistada a los visigodos, Córdoba funcionaba como la capital del valiato andalusí, sin embargo, a nivel administrativo, el gobernador de Córdoba dependía de las directrices del gobernador general de Ifriqiya, cuya base política y naval principal estaba justamente en Túnez. Ambos territorios juraban lealtad al mismo monarca en Siria. En el apartado ‘Meroe – Aksum’ vimos que Córdoba fue fundada por los romanos en el siglo II a.C, para ser la capital de la provincia de la Hispania Ulterior. Vimos que fue fundada a 2.333 millas náuticas del mausoleo de Noé en Najicheván y que la propia Roma dista 1.666 millas de la cima del monte Ararat. Por otra parte, cuando Al-Malik fundó Túnez también la ubicó de modo que se conecta a Córdoba mediante 1.330 kilómetros. Esto provoca otro triángulo numerológico (Túnez-Córdoba-Najicheván) análogo a otros que hemos visto durante la exposición y que tenemos en nuestro mapa de alineamientos; por ejemplo (Bagdad-Najicheván-Gobekli Tepe), (Saqqara-Harran-Najicheván), ambos vinculados al arquetipo de Noé también. En los primeros apartados de esta segunda parte de la exposición hemos visto que los romanos llegaron a territorios celtas como la Galia y allí crearon reyes; vimos que el bautismo de Clodoveo en Reims había creado al primer rey de los francos y cómo la catedral de Reims se encontraba conectada a 3.330 kilómetros del monte Ararat. Aunque es un ejemplo cronológicamente posterior, vimos también que en Inglaterra mediante Eduardo el Confesor situaron el nuevo Londres conectado al mausoleo de Noé en Najicheván mediante 2.330 millas. Los historiadores aseguran que Toulouse es de fundación celta pero es posible identificar un alineamiento entre Toulouse y el mausoleo de Noé en Najicheván de 3.666 kilómetros. Toulouse desempeñó un papel fundamental en la unificación política, territorial y legal de Francia, actuando como el motor clave para la consolidación de la corona en el sur del país, algo que no sucedería hasta el siglo XIII. La diferencia entre el norte y el sur de Francia se remonta a la antigüedad y se consolidó en la Edad Media; mientras que el norte nació bajo una fuerte influencia germánica y de la dinastía franca, dando origen a la monarquía centralizada de Reims, el sur (Occitania) preservó la herencia urbana, legal y cultural del Imperio Romano, con Toulouse como uno de sus focos principales. Más adelante veremos un significativo alineamiento que surgió cuando, mediante la cruzada cátara, se unificó Francia dando por zanjadas estas diferencias entre el sur y el norte. El mito fundacional de Toulouse es una leyenda, también toponímica y genealógica, nacida en la Baja Edad Media y popularizada durante la Renaissance francesa (siglo XVI). El mito establece que Toulouse fue fundada por un rey legendario llamado Tholus, quien era descendiente directo de Noé, específicamente su bisnieto o nieto, hijo de Japhet. La Cruz de Toulouse (o Cruz Occitana) es el elemento central en el blasonamiento de Toulouse, tiene doce pomos o esferas en sus puntas. Los intelectuales tolosanos del Renacimiento que defendían el mito del rey Tholus intentaron reinterpretar la cruz para encajarla en su narrativa sagrada. Afirmaban que los doce pomos no eran una simple referencia a los doce apóstoles o a los doce signos del zodíaco, sino que representaban los doce linajes o tribus originales que habían fundado la grandeza de la civilización occitana tras el viaje del descendiente de Noé.
Ahora veremos algo análogo que hicieron en la península ibérica. Cuando los romanos llegaron al noroeste de la península ibérica en el siglo I a.C, los astures ya llevaban siglos viviendo allí como un conjunto de tribus independientes de origen celta. Los astures vivían en poblados fortificados en zonas elevadas (castros). Según los historiadores, el emplazamiento original donde hoy se levanta Astorga era simplemente un cerro llano, deshabitado por los nativos y que no tenía ninguna relevancia espiritual ni fundacional para ellos. Tras vencer a las tribus indígenas en las cruentas guerras cántabras (29-19 a.C), el emperador Augusto ordenó fundar en ese cerro deshabitado un campamento militar para la Legio X Gemina. Una vez pacificada la zona, los romanos transformaron ese campamento militar en una espléndida ciudad civil a la que bautizaron como Asturica Augusta. Recuérdese que Octavio Augusto fue el mismo que mandó fundar el puerto conocido como Portus Victoriae (Puerto de la Victoria), actual Santander, visto en el apartado ‘Fenicia, Cartago, Grecia y Roma’, a 1.330 kilómetros del puerto de Roma, Portus. Fue entonces también cuando Astorga se convirtió en capital bajo el control de Roma. Los romanos dividieron el territorio en conventos jurídicos y Astorga fue nombrada capital del Conventus Asturicensis, un territorio gigantesco que abarcaba lo que hoy es León, Asturias, Zamora, parte de Lugo y el noreste de Portugal. Toda la administración del territorio astur se controlaba desde allí, especialmente la recaudación de los tributos y la gestión de las colosales minas de oro de la región (como Las Médulas). El apartado ‘Meroe – Aksum’ muestra que Córdoba (Corduba) fue fundada por los romanos para ser la capital de la Hispania Ulterior, unas décadas antes que Astorga, en el siglo II a.C, y que la habían conectado mediante 2.333 millas náuticas, al mausoleo de Noé en Najicheván. Astorga, que también fue capital (de la Hispania Citerior), se encuentra situada a 2.666 millas del mausoleo de Noé en Najicheván. Del mismo modo que Reims refleja esta conexión con el arquetipo de Noé en su mito fundacional, el caso de Astorga es análogo. Cuando el Imperio Romano cayó, las élites eclesiásticas de ambas ciudades heredaron esos inmensos centros de poder, cuando el cristianismo se consolidó, el origen romano o troyano se quedó corto y las ciudades necesitaban legitimarse demostrando que sus dinastías conectaban con el Génesis tras el Diluvio Universal. Para justificar esto pusieron a escribanos a fabricar estas genealogías artificiales. Como vimos, los cronistas franceses inventaron que un monarca galo, bisnieto de Jafet (hijo de Noé), bautizado también como Rémus para enredar el mito, refundó la ciudad tras el Diluvio. La historiografía mística española hizo exactamente lo mismo, conectó al héroe Astyr con la línea genealógica de Túbal (el nieto de Noé y primer poblador mitológico de España según Isidoro de Sevilla). Los cronistas afirmaban que los astures no eran bárbaros, sino una de las tribus puras surgidas directamente de la repartición de la Tierra que hizo Noé tras la retirada de las aguas del Diluvio. Utilizaron los juegos de palabras con Rémus/Reims y Astyr/Asturica/Astorga para que el pueblo llano memorizara fácilmente que la tierra que pisaban estaba bendecida por los héroes de la antigüedad y por el Dios de Noé. Los historiadores tienen claro cómo se han dado todos estos procesos históricos y como vemos, es posible identificar la ingeniería social de la época, que mediante la creación de genealogías vinculadas a personajes bíblicos hace, en la edad media, lo mismo que la Tabla de las Naciones en la edad del hierro. Sin embargo, analizando esta red de alineamientos vemos que los lugares vinculados a la Tabla de las Naciones en la edad del hierro están conectados con otros anteriores, del neolítico. Y lo mismo ha pasado analizando la parte de Irlanda en los apartados ‘Hibernia’ y ‘Apóstoles Europeos’. Por eso es difícil aceptar que no hubiera nada en un lugar como Astorga cuando además se sabe que los astures, aunque a menor escala, ya explotaban las minas de oro de las Médulas, que es precisamente lo que hace a la ubicación de Astorga tan interesante.
En las primeras décadas del siglo VIII, la expansión musulmana había conseguido hacerse con ciudades del noroeste de la península como Lugo y Gijón, es en este contexto cuando surge la figura de Don Pelayo, considerado primer monarca del reino de Asturias. Don Pelayo, en los alrededores de su refugio en el monte Auseva, en el año 722 presentó batalla a las tropas de Al-Andalus y frenó la expansión de los musulmanes hacia el norte, comenzó la Reconquista y por eso se le ha considerado tradicionalmente como el fundador del reino de Asturias. El origen exacto de Don Pelayo es uno de los debates más complejos entre los historiadores, existiendo dos teorías principales: la tradicional, que afirma que era un noble visigodo, y la moderna, que se inclina a pensar que era un caudillo indígena astur. Hoy en día se le suele ver como una figura puente. Es muy probable que Pelayo fuera un hispanorromano o terrateniente local con lazos familiares en el norte, que quizás sí tuvo algún tipo de formación o servicio militar en la administración visigoda, y que tras la invasión islámica unificó bajo su mando a los clanes indígenas astures para resistir el pago de impuestos a los nuevos gobernadores musulmanes. Su refugio del monte Auseva fue una gruta, se la conoce como la Santa Cueva de Covadonga. Don Pelayo murió en el año 737 y la primera construcción en la Santa Cueva la realizó Alfonso I (reinó de 739 a 757) quien para conmemorar la victoria de don Pelayo ante los musulmanes, mandó construir una capilla dedicada a la virgen María, que dio origen a la advocación de la virgen de Covadonga. Actualmente, ante la Santa Cueva se encuentra la Basílica de Santa María la Real de Covadonga y la virgen de Covadonga es la patrona de Asturias. Hasta este momento las ciudades importantes de los astures habían sido Astorga y Gijón, ya que Oviedo, la capital de Asturias, según los historiadores aún no existía. Oviedo fue fundada en el año 761 según el relato que se hace en el Pacto monástico de San Vicente, fechado en 781. El rey Fruela I, hijo de Alfonso I, decidió erigir una basílica y otras dependencias en las que nacería su hijo, el futuro Alfonso II el Casto, en los terrenos que hoy ocupa el conjunto catedralicio; la catedral y el monasterio de San Vicente. En la catedral de Oviedo se encuentra la Cámara Santa, siendo junto con la torre vieja, los edificios más antiguos de dicho conjunto catedralicio. Su función, prácticamente desde su construcción y que conserva en la actualidad, ha sido la de guardar las reliquias y tesoros catedralicios, para cuya defensa fue construida la torre anteriormente citada. El Arca Santa es uno de los tesoros y reliquias sagradas que se custodian en la Catedral de Oviedo, según la tradición proviene de una antigua arca o caja de madera que contenía, en Jerusalén, reliquias de Jesús y de María. Vista la invasión de los persas a principios del siglo VII, los cristianos de Palestina pusieron a salvo el Arca Santa enviándola a Alejandría. Posteriores avances de los persas por África tuvieron como consecuencia que finalmente el Arca llegara hasta España entrando por Cartagena, donde llegó a manos del obispo de Sevilla, San Isidoro. San Isidoro, consiguió llevar el Arca consigo cuando fue nombrado obispo de Toledo, y allí, en la primera mitad del siglo VIII se hizo una nueva caja de roble que sustituyó a la antigua. Empujada por la conquista musulmana de Toledo, el Arca Santa fue escondida durante 80 años en el monte Monsacro, en Asturias. Finalmente fue trasladada hasta Oviedo por Alfonso II El Casto, lugar en el que se custodia desde entonces. Desde la cima del Monsacro hasta la catedral de Oviedo hay 6,6 millas náuticas. El Monsacro era un espacio de gran sacralidad para los astures mucho antes de la llegada de los romanos. De hecho, este macizo calizo de 1.054 metros es considerado por arqueólogos e historiadores como uno de los ‘sacra loca’ o montes sagrados más antiguos y continuos de toda la península ibérica. La arqueología del paisaje y los mitos antiguos confirman que el Monsacro ya funcionaba como un epicentro místico y que los astures de la Edad del Hierro heredaron un paisaje que ya llevaba milenios siendo sagrado. Las excavaciones arqueológicas en la majada alta de la montaña desenterraron una necrópolis megalítica con túmulos funerarios y dólmenes que datan del neolítico y la edad del bronce. Las tribus astures rendían culto a Teleno, una de las deidades indígenas más importantes del noroeste peninsular. Era el dios astur de las fuerzas de la naturaleza, el trueno y los picos elevados (asociado a la fuerza telúrica y posteriormente sincretizado por los romanos como un Júpiter o un Marte local). La montaña funcionaba como el gran altar natural al aire libre donde los druidas o sacerdotes astures realizaban sus asambleas ceremoniales y rituales estacionales. En el apartado dedicado a la división territorial veremos que tras el establecimiento del límite fronterizo entre España y Francia en Hondarribia/Hendaya, la cima del Monsacro queda alineada entre este límite y el punto extremo occidental de España bajo una línea de 330 millas náuticas.
Alfonso II el Casto trasladó la capital del reino de Asturias a Oviedo en un momento indeterminado, pero antes de 812, fecha del testamento de Alfonso II, que se guarda en el archivo de la catedral de Oviedo, y donde ya cita a la ciudad como lugar donde reside. La convirtió en sede episcopal, la fortificó y dotó de palacios, iglesias y otras estructuras. Según la Crónica Rotense de Alfonso III, Ramiro I fue elegido por Alfonso II como sucesor, reinó de 842 a 850 y mandó construir en las afueras de la capital, el conjunto palacial de Santa María del Naranco. En el conjunto destaca la iglesia de San Miguel de Lillo de Oviedo que se encuentra a 66.600 metros de la basílica de Covadonga.
Alfonso III de Asturias reinó de 866 a 910 siendo el último rey de Asturias y su hijo, García I, el primero del reino de León y de la dinastía astur-leonesa, por lo tanto el reino de León es heredero del reino de Asturias. La crónica rotense escrita por Alfonso III, explica que Don Pelayo era un espadero de los reyes visigodos de Toledo, Witiza y Rodrigo, es decir, miembro de su guardia personal. El fin de esta crónica es demostrar la continuidad del reino visigodo en el reino de Asturias. En consecuencia el recién creado reino de León queda también vinculado a este origen. La crónica hace hincapié en considerar a Don Pelayo como sucesor de los reyes de Toledo, es decir del reino visigodo. El rey García I, hijo de Alfonso III, estableció su Corte en la ciudad de León que existía como ciudad romana desde el siglo I a.C, y como hemos visto el reino de León es heredero del reino visigodo que tuvo su capital en Toledo, la cual había sido trasladada desde Tolosa, pues bien, si se mide desde el centro de León hasta el circo romano de Toledo la distancia es de 330.000 metros. El centro del trazado romano de la ciudad de León, es decir, donde se cruzaban 'cardo maximus' y 'decumano maximus' está actualmente en el número 5 de la calle Ancha, a pocos metros de la catedral de León.
En un capítulo posterior se vuelve a mostrar otro traslado de capital que provoca otro alineamiento numerológico; cuando la Corona de Castilla comienza con la unión de las Coronas de León y de Castilla, Alfonso X el Sabio acondicionó el alcázar como residencia real y trasladó la corte a Segovia. Desde el Alcázar de Segovia hasta Toledo hay 66 millas náuticas. Pero esto se analizará más tarde cuando se forme el Imperio Español.
Cuando Isidoro de Sevilla asumió la archidiócesis de Sevilla en el año 600 d.C, el Reino Visigodo sufría una fractura estructural insostenible: una minoría militar germánica gobernando a una mayoría hispanorromana católica. Tras lograr la conversión oficial de los reyes del arrianismo al catolicismo, Isidoro ejecutó una monumental operación de cohesión identitaria. Escribió una de las primeras grandes enciclopedias de la historia humana (las Etymologiae). Su tesis lingüística afirmaba que conocer el origen y la etimología de las palabras otorgaba el control y la comprensión real de las cosas. Rediseñó la educación clerical fundando seminarios en cada diócesis para erradicar la ignorancia bárbara. Como ya hemos analizado en el caso de Reims o de Geoffrey de Monmouth, Isidoro redactó crónicas históricas (Historia de regibus Gothorum) donde forjó el linaje artificial de España. Conectó a los pueblos ibéricos y a los reyes visigodos directamente con Túbal (nieto de Noé), dotando al reino de una dignidad sagrada que competía de igual a igual con el mismísimo Imperio romano de Oriente (Bizancio). Presidió el Cuarto Concilio de Toledo (633 d.C), donde unificó la liturgia eclesiástica (la misa mozárabe) y las leyes. Logró que los invasores visigodos y los nativos romanos se fundieran bajo una sola identidad nacional indisoluble apadrinada por la Iglesia. En el tratado ‘De ortu et obitu patrum’ (Del nacimiento y muerte de los padres), una obra biográfica sobre los héroes bíblicos atribuida a su pluma, Isidoro de Sevilla escribe una afirmación revolucionaria para la época: "Santiago, hijo de Alfeo... de los lugares occidentales, en Hispania predicó el evangelio y difundió la luz de la predicación en el ocaso del mundo; y allí mismo fue sepultado". Los filólogos e historiadores modernos sostienen firmemente que esta mención a la predicación y entierro de Santiago en España es una interpolación posterior (un añadido falso) introducido sutilmente en los manuscritos isidorianos a mediados del siglo VII por copistas posteriores. Genuina o interpolada, el impacto político fue brutal. Debido al inmenso prestigio intelectual de Isidoro en toda Europa (considerado el gran erudito de la Edad Media), que una crónica bajo su firma asegurara que el Apóstol estaba enterrado en Hispania le dio una "marca de verificación oficial" incuestionable a la Iglesia peninsular. Cuando en el siglo IX los reyes asturianos afirmaron haber encontrado el mausoleo romano en Compostela, no tuvieron que inventar la teología, solo recurrieron a los textos atribuidos a San Isidoro. Aldhelmo de Sherborne en el siglo VI, y a finales del siglo VIII el Beato de Liébana, popularizaron la leyenda que situaba la tumba del apóstol Santiago en algún lugar de la península ibérica. A mediados del siglo VIII el norte de Galicia había sido incorporado al recién creado reino asturiano por el rey Alfonso I. La posición asturiana tuvo que ser consolidada por su sucesor, Fruela I, que aplastó una insurrección de los gallegos. Décadas después, otra insurrección de los gallegos fue derrotada por el rey Silo en la batalla de Montecubeiro sin embargo, el descubrimiento en tiempos del rey Alfonso II del sepulcro del apóstol Santiago y el surgimiento del Camino que lleva su nombre aseguraron la integración espiritual de Galicia en el Reino de Asturias y posteriormente en los de León y Castilla. Durante esta misma época, concretamente en el 778, Carlomagno comenzó una campaña en la península ibérica en la que no pudo conquistar Zaragoza a los musulmanes. En 785, los soldados de su hijo Luis, que se encontraba encargado de defender la frontera, conquistaron Gerona de forma permanente. Los caudillos musulmanes del noreste de la España islámica se sublevaban continuamente contra las autoridades cordobesas y a menudo pedían la ayuda de los francos, cuya frontera continuó expandiéndose lentamente hasta 795, año en que Gerona, Cerdaña, Osona y Urgel fueron agrupadas en la nueva Marca Hispánica, dentro del antiguo ducado de Septimania.
El primer contacto de Alfonso II de Asturias con el imperio de Carlomagno está registrado en las crónicas en el año 795, con los representantes asturianos llegados a Toulouse donde está instalado Luis, hijo de Carlomagno. No son buenos momentos para el reino de Asturias, debilitado por ataques musulmanes que llegan a arrasar el propio Oviedo; los historiadores creen que, en buena medida, el propósito de ese viaje es pedir ayuda. Apenas antes, el propio Carlomagno había salido escaldado de Roncesvalles en su retirada de Zaragoza por lo que algunos intereses comunes empezaban a aflorar. Como común es a ambos reyes, la autoría del hallazgo de la tumba del apóstol Santiago; de Carlomagno según el Codex Calixtinus y de Alfonso II según la tradición española que lo considerada el primer peregrino y le atribuye la creación del camino primitivo que parte desde Oviedo. El relicario de Carlomagno contiene una imagen con la aparición del apóstol Santiago al emperador pero como veremos a continuación, fue una magistral operación de ingeniería social y propaganda franco-vaticana del siglo XII basada en un famoso "fraude literario": el Pseudo-Turpín. En el siglo XII, la popularidad de la tumba gallega estaba explotando. Para subirse a ese tren de prestigio, clérigos franceses vinculados a la Abadía de Saint-Denis y al arzobispado de Reims redactaron una crónica falsa conocida como el Pseudo-Turpín que se incluyó como el Libro IV del famoso Códice Calixtino de Santiago. Este libro inventó un relato en el que el Apóstol Santiago se le apareció en sueños a Carlomagno y le mostró un "camino de estrellas" en el cielo (la Vía Láctea). Santiago le ordenó marchar con sus ejércitos francos para liberar su tumba en Galicia, que supuestamente estaba oprimida por los sarracenos. Según el mito, Carlomagno obedeció, cruzó los Pirineos, conquistó ciudades e incluso llegó a clavar su lanza en el océano Atlántico (en Padrón), convirtiéndose en el "primer protector y abridor" del Camino de Santiago. En el año 1165, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico Barbarroja, ordenó exhumar los restos de Carlomagno y, mediante un antipapa, consiguió canonizarlo como santo de la Iglesia. Para albergar sus restos, se encargó el impresionante relicario de oro y plata que hoy vemos en Aquisgrán. Al momento de diseñar los relieves laterales del sarcófago, los artistas imperiales no usaron la biografía real de Carlomagno (la escrita por Eginardo); usaron los relatos del Pseudo-Turpín. Esculpieron al emperador franco recibiendo la visión de Santiago, marchando hacia España y combatiendo en Roncesvalles. El objetivo político de Barbarroja era monumental: demostrar que la dinastía imperial germánica descendía de un rey santo legitimado directamente por el Apóstol más importante de Occidente. El Camino de Santiago no nació en el siglo IX con el descubrimiento de una tumba; lo que hizo la Iglesia fue absorber, cristianizar y redirigir una masiva y milenaria ruta de peregrinación pagana hacia el Fin del Mundo que los celtas y los pueblos megalíticos ya recorrían siglos antes de Cristo. Historiadores y arqueólogos coinciden en que el Camino primitivo seguía la Vía Láctea en el cielo. El sentido de este viaje ancestral y su posterior absorción por parte de la Iglesia se explica a través de la geografía del alma de los antiguos celtas. Para los antiguos que habitaron el Atlántico, Finisterre (Fisterra) era un territorio místico y liminal, la frontera literal entre el mundo de los vivos y el de los muertos. La ruta que hoy conocemos como el Camino de Santiago, en sus variantes que cruzan Francia desde París, no fue diseñada por ingenieros medievales, sino que se asienta de manera exacta sobre las redes de intercambio de metales, estaño y oro de las culturas atlánticas. Mucho antes de que París fuera Lutetia o de que Galicia fuera la Gallaecia romana, Europa Occidental compartía un espacio económico muy vivo conocido como el Bronce Atlántico. París nació estratégicamente en un punto fluvial obligatorio para las caravanas comerciales del norte de Europa. Los comerciantes fluviales y terrestres bajaban desde el Sena, cruzaban el Loira (por Tours y Burdeos) y bordeaban la cornisa cantábrica hasta llegar a Galicia en busca de este metal precioso. París y Finisterre ya se "miraban" comercialmente mil años antes de Cristo. Desde la catedral de Santiago hasta el Panteón de París hay 666,6 millas y desde Santiago hasta el punto extremo septentrional de la península ibérica (Estaca de Bares) hay 66 millas náuticas (es el mismo lugar que hemos visto alineado con Toledo a 330 millas). Para un caminante de la Edad del Hierro desprovisto de mapas, el mapa estaba en el cielo nocturno. Tanto los celtas de la cuenca del Sena como los de las orillas del Miño compartían el mismo mapa espiritual: la Vía Láctea dibuja una línea perfecta en el firmamento que va de Este a Oeste, apuntando siempre hacia el Finisterre atlántico. Los peregrinos paganos cruzaban el norte de la península de este a oeste siguiendo el curso diario del sol. Caminaban buscando el lugar donde el Astro Rey "moría" cada tarde, hundiéndose de forma dramática en el inmenso e inexplorado Mare Tenebrosum (el océano Atlántico). En la cumbre del Monte do Facho (en el propio cabo de Finisterre), los pueblos prerromanos levantaron el Ara Solis (el Altar del Sol). No se trataba de un templo cerrado de piedra al estilo mediterráneo, sino de un gran observatorio astronómico y ceremonial al aire libre donde los sacerdotes celtas confeccionaban los calendarios agrícolas que marcaban los ritmos de la siembra, las cosechas y las fiestas de la fertilidad. Cuando el mito de Santiago el Mayor se instaló en Santiago de Compostela en el siglo IX, las autoridades eclesiásticas se toparon con un gran dilema: los peregrinos cristianos, al llegar a Compostela, se negaban a detenerse allí y seguían caminando 90 kilómetros más hacia el oeste para cumplir el viejo rito pagano de ver el atardecer en Finisterre. Dado que era imposible frenar esa inercia milenaria, la Iglesia aplicó de lleno el manual de ingeniería social para cristianizar la prolongación de la ruta. La Leyenda Áurea y las crónicas jacobeas medievales introdujeron un relato heroico: afirmaron que el propio Apóstol Santiago en persona viajó hasta Finisterre y destruyó a golpes el altar pagano del Ara Solis por considerarlo un nido de brujería y adoración al demonio. En el lugar exacto del templo del sol, sobre el monte Facho, la Iglesia erigió la Ermita de San Guillermo (un ermitaño cristiano mítico). Curiosamente, la memoria del útero y la fertilidad de la montaña era tan fuerte que, hasta bien entrada la Edad Moderna, las parejas locales seguían subiendo a la ermita de San Guillermo a acostarse sobre una losa de piedra (la "cama del santo") para buscar milagros de concepción, imitando exactamente el viejo rito celta. Los rituales que los peregrinos modernos siguen haciendo en Finisterre al terminar el Camino son una transposición directa de los ritos celtas de purificación: bañarse en el mar (en la playa de Langosteira) para lavar el polvo y los pecados del camino viejo, quemar las ropas viejas o las botas en el cabo para escenificar que dejas atrás el pasado y renaces como un hombre nuevo y recoger una concha de vieira como amuleto físico de haber alcanzado las aguas del fin del mundo (un símbolo de fertilidad de Venus que la Iglesia adoptó como el emblema oficial de Santiago). El Camino de Santiago a Finisterre es el mayor palimpsesto espiritual de Europa. La Iglesia nunca destruyó el mapa de los celtas; simplemente tomó la antigua calzada de piedra que iba hacia la "muerte del sol" y la rebautizó como la ruta de la salvación cristiana. París (Lutetia) – Santiago de Compostela (Campo de la Estrella), 666,6 millas.
La derrota del ejército de Carlomagno en Roncesvalles en el año 778 confirmó su determinación de gobernar directamente estableciendo el Reino de Aquitania basado en una base de poder de funcionarios francos, repartiendo tierras entre los colonizadores y adjudicando tierras a la Iglesia, a la que tomó como aliada. Se puso en marcha un programa de cristianización y se construyeron monasterios como Lagrasse, fundado por el abad de Narbona Nimphridius y ampliado al rango de abadía por Carlomagno. Lagrasse se fundó a 33 kilómetros de su matriz, la catedral de Narbona, donde históricamente se encontraba el centro de poder de la iglesia de Roma en ese territorio ya que Narbona (Narbo Martius) fue la capital de la provincia romana Gallia Narbonensis desde el siglo II a.C hasta el siglo V. La diócesis de Narbona existió desde el año 445 hasta la Revolución Francesa, cuando fue unida a la diócesis de Carcasona, que había sido creada en el siglo VI. Actualmente forman una sola diócesis y también se encuentran el mismo departamento de Aude; desde la catedral de Narbona hasta la catedral de Carcasona hay exactamente 33 millas.
En el capítulo dedicado a la división territorial se analizarán los límites elegidos para los departamentos franceses de Aude, Ariège y Pirineos Orientales y el país de Andorra entre otros. Mencionar que el departamento de Pirineos Orientales tiene su capital en Perpiñán cuyo origen fundacional está en Ruscino como muestra el anterior apartado dedicado a los íberos. El sitio arqueológico de Ruscino se encuentra a 33 millas de la catedral de Narbona. De esta forma las capitales de los departamentos de Aude y Pirineos Orientales se encuentran conectadas pero además, la distancia entre la catedral de Carcasona y el castillo de Foix es de 66.600 metros. El castillo de Foix da nombre a la ciudad capital del departamento de Ariège por lo que también las capitales de Ariège y Aude están conectadas. Lo mismo sucede con las ciudades Toulouse y Albi, capitales de los departamentos Haute Garonne y Tarn respectivamente; desde la catedral de Albi hasta la basílica de San Sernín de Toulouse hay 66.660 metros.