Apóstoles Europeos

El siglo IV se caracterizó por las profundas reformas administrativas llevadas a cabo por Diocleciano y Constantino I, como la división de la Galia vista anteriormente. La Prefectura del pretorio de las Galias, situada hasta entonces en Trèves, se trasladó a Arlés, que se convirtió en una ciudad de suma importancia a partir de entonces. El emperador Constantino la visitó en agosto de 316, le concedió los juegos, transfirió la fábrica de la moneda de Ostia e instaló grandes manufacturas del estado. La corte imperial pasó largas temporadas en Arlés, tanto que hasta la emperatriz Fausta dio a luz allí a su primer hijo. Todo lo anterior le valió a la ciudad el apodo de la "pequeña Roma de las Galias”. Ante el fracaso del sínodo de Roma, en 313, es Arlés la villa que acoge en 314 un nuevo concilio. Ya floreciente debido al comercio, se añadieron nuevos monumentos y ganó el nombre de 'Constantina Urbs', la ciudad de Constantino. Arlès tiene varios alineamientos; como ha quedado dicho, Constantino trasladó la ceca (fábrica de la moneda) de Ostia a Arlès y si se mide desde el puerto hexagonal de Ostia (sobre el cual se han mostrado varios alineamientos en apartados anteriores), que actualmente tiene el nombre de Lago Trajano, hasta el centro de Arlès la distancia es de 660 kilómetros. Además desde el centro de Arlès hasta el centro de Avignon hay 33,3 kilómetros, hasta el centro de Tolón 66 millas náuticas y hasta el centro de Montpellier 33 millas náuticas. Montpellier, a su vez, se encuentra a 66,6 millas náuticas de Marsella y a 33,3 millas náuticas de Bèziers. Bèziers se encuentra a 66,6 millas náuticas de Rodez y 66,6 millas de Nimes. Por lo tanto, las principales ciudades del sur y el sudeste francés están conectadas de esta forma e iremos viendo más ejemplos a lo largo de la cronología cuando se incorporen a este análisis elementos como la división territorial, entre otros. Saber si este orden numerológico ha sido creado por romanos, por celtas, o si por el contrario es anterior a ellos es una de las preguntas que se quedan sin resolver aún.

A finales del siglo IV los godos cruzaron el Danubio presionados desde oriente por los hunos y entraron en territorio romano, en el año 410 saquearon Roma. El aura de invencibilidad y eternidad del imperio romano quedó rota, surgió un debate sobre el motivo de que la ciudad no hubiese sido protegida por el poder divino. Aristócratas huidos a África lo achacaron a la sustitución de las antiguas creencias y ritos paganos por la nueva religión cristiana. Agustín de Hipona desplegó contra ellos toda su capacidad intelectual que se reflejó en su magna obra 'La ciudad de Dios'. En ella arguyó que los antiguos dioses romanos tampoco la habían protegido y desarrolló la idea de las «dos ciudades»: la terrenal Roma que estaba llamada a desaparecer algún día al igual que cualquier otra ciudad o imperio; y la celestial que sí era eterna y la única a la que los cristianos debían observar lealtad. Es para entonces cuando surge la figura de San Juan Casiano, considerado por los monjes europeos como uno de los principales maestros de la vida monástica, estuvo en Tebas como eremita durante siete años y llegó a Marsella en el año 415 donde fundó la abadía de San Víctor. La abadía recibe el nombre de un oficial romano cristiano de la Legión Tebaida que fue martirizado en ese lugar a principios del siglo IV, antes de que el imperio adoptase el cristianismo como religión oficial. Jean-Baptiste Grosson, en 1773, en su «Recueil des antiquités et des monuments marseillais qui peuvent intéresser l’histoire et les arts» escribió: "El origen de esta iglesia se debe a la piedad de los primeros fieles. En principio no era más que una gruta o caverna muy alejada de la ciudad, que se hallaba en los viejos Campos Elíseos, u ossuarium de los marselleses, se utilizaba como un lugar de retiro para los primeros cristianos, así como para celebrar los Santos Oficios, y servía, asimismo, como sepultura para los mártires. Al lado de esta gruta (que actualmente se encuentra dentro de la iglesia inferior) hay una capilla dedicada a Notre-Dame de Confession." La imagen de Nuestra Señora de la Confesión es una de las muchas vírgenes negras existentes y la primera de esta exposición. Esta virgen negra de la Confesión se venera el día 2 de febrero, día de la Candelaria. La estatua de la virgen negra se exhibe en la iglesia superior y se organiza una procesión. Esta fiesta, típicamente marsellesa, es muy popular y reúne entre 60.000 y 80.000 personas. Las panaderías de Marsella elaboran las 'navette', una galleta en forma de barco en memoria del barco que, según la leyenda, trajo a Saintes-Maries-de-la-Mer a María Magdalena. En Marsella sucede algo muy significativo ya que junto a esta de Juan Casiano converge otra tradición que cuenta que María Magdalena y Lázaro llegaron a la Provenza. En los siglos XI y XII, y popularizada en el siglo XIII por la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, la Iglesia provenzal formalizó un relato según el cual, María viajó en barca por el Mar Mediterráneo huyendo de las persecuciones en Tierra Santa, desembarcando finalmente en Saintes-Maries-de-la-Mer, cerca de Arlés, en Francia. Posteriormente, María Magdalena viajó hasta Marsella, desde donde emprendió la evangelización de Provenza para después retirarse a una cueva (La Sainte-Baume) en las cercanías de Marsella. La Sainte-Baume se encuentra a 33 kilómetros de la abadía de San Juan Casiano de Marsella. La cueva de Sainte Marie Madeleine, aunque ya existía un culto allí a Artemisa, no tardó en convertirse en un famoso lugar de peregrinaje cristiano debido a que en los siguientes siglos fue visitada por varios papas y reyes. En 1332, el mismo día se reunieron en la cueva Felipe VI de Francia, Alfonso IV de Aragón, Hugues de Chipre y Jean de Luxemburgo, rey de Bohemia. Al igual que ocurrió en Chartres con el culto mariano o en Nanterre con Santa Genoveva, o en Inglaterra con el rey Arturo, la Iglesia y la monarquía francesas no inventaron la sacralidad de estos espacios; reutilizaron un sustrato de cultos paganos hiperarraigados para redirigir la devoción popular hacia el catolicismo ortodoxo y asentar el poder del trono. Antes de que se hablara de María Magdalena en el sur de Francia, la cordillera y el bosque de La Sainte-Baume (Baume significa "cueva" en provenzal medieval) ya eran considerados un axis mundi telúrico primordial. La cueva está rodeada por un bosque milenario único en la Provenza que nunca ha sido talado. Para los antiguos ligures, los colonos griegos de Marsella (Massalia) y los romanos, este ecosistema húmedo rodeado de agua era el santuario de la Diosa Madre de la fertilidad (asociada a Artemisa, Diana o la diosa de la tierra). Durante siglos, las mujeres de la región peregrinaban a la cueva y tocaban sus rocas húmedas pidiendo fertilidad, protección en los partos o abundancia agrícola. Erradicar un culto tan visceral a la naturaleza mediante la fuerza era imposible; la única opción viable de ingeniería social era sustituir a la diosa por un personaje bíblico femenino de gran magnetismo. Carlos II de Anjou necesitaba desesperadamente consolidar el prestigio internacional de su dinastía y asegurar su control sobre la Provenza, que en ese momento era un territorio disputado políticamente. Ejecutó una jugada maestra; afirmó haber tenido una visión y ordenó excavar en la cripta de Saint-Maximin (cerca de la cueva), donde "descubrió" de manera milagrosa un sarcófago que contenía el supuesto cráneo de María Magdalena. Las crónicas de la época afirmaron de forma poética que del cuerpo emanaba un perfume celestial. Carlos viajó a Roma y consiguió que el Papa declarara oficiales las reliquias. Expulsó a los monjes benedictinos locales que custodiaban la zona y le entregó el control de La Sainte-Baume y Saint-Maximin a los frailes dominicos, que funcionaban como la policía intelectual y teológica del Papa (como veremos más adelante). Los dominicos transformaron oficialmente la antigua cueva de los rituales paganos de fertilidad femenina en el santuario de la Magdalena Penitente. Las mujeres continuaron viajando a la cueva buscando milagros para sus embarazos, pero ahora rezándole a una santa católica legalizada por el rey. Esta ingeniería social también absorbió las raíces más profundas de la población marginada local. En Marsella (en la Abadía de San Víctor) y en el pueblo costero del desembarco, el antiguo culto a la Tierra Madre africana e introducido por los fenicios se sincretizó en las famosas Vírgenes Negras (como Notre-Dame de la Confession en Marsella) y en la figura de Sara la Negra, la sirvienta egipcia de la leyenda que el pueblo gitano adoptó como su santa patrona definitiva hasta el día de hoy.

Como vimos anteriormente, Marsella tiene su origen en su puerto ya que fue una colonia griega, por eso se encuentra a 1.666 kilómetros exactos de la cima del monte Himeto de Grecia. Además, desde el puerto de Marsella hasta el monte Valérien de Nanterre hay 666.000 metros y aquí es donde la tradición sitúa a la patrona de París en el monte sagrado de los parisi, veamos cómo ha sido introducido el cristianismo en otros países de Europa para identificar analogías.
Contemporáneo de San Juan Casiano (el mártir de Marsella) fue San Patricio, un britano que era hijo de Calpurnio, un decurión (miembro del Senado de una ciudad en el imperio romano) cristiano del norte de Britania. La tradición cuenta que Patricio fue raptado por tribus celtas que habitaban en Irlanda y tras seis años de cautiverio pudo escapar y volver a Gran Bretaña. Después se trasladó a Auxerre, y visitó Tours y Lerins, siendo ordenado sacerdote por San Germán de Auxerre. Fue entonces cuando regresó a Irlanda a predicar el Evangelio donde se le conoce como el Apóstol de Irlanda. Hasta aquí la tradición, que por cierto, es muy similar a la expuesta en el capítulo dedicado a Meroe - Aksum, donde se explica la fundación del monasterio de Debre Damo, en Etiopía. Se hace más parecida aún, cuando se conoce el mito en el que San Patricio echa a las serpientes de Irlanda. Un milenio más adelante, cuando se descubran los alineamientos realizados en Sudamérica, estos elementos como la serpiente cobrarán más sentido. El caso de San Patricio es considerado uno de los mayores en ingeniería social mediante sincretismo religioso de la historia universal. Cuando Patricio llegó a Irlanda en el siglo V d.C. (alrededor del año 432), se encontró con una isla indomable que jamás había sido conquistada por las legiones romanas y que estaba completamente dominada por la sofisticada casta espiritual de los druidas celtas. Patricio comprendió de inmediato una máxima que siglos más tarde aplicarían los merovingios en Francia o los Anjou en la Sainte-Baume: para destruir el paganismo celta, no debía prohibirlo, sino absorberlo. Su estrategia consistió en superponer la teología cristiana sobre el mapa mental, los símbolos y los festivales que los irlandeses ya consideraban sagrados. El ejemplo más icónico de su ingeniería social es la famosa Cruz Celta (la cruz latina rodeada por un aro). Los celtas adoraban al Sol como fuente de vida y representaban la luz cósmica mediante un círculo y también veneraban la cruz como símbolo de los cuatro puntos cardinales y los cuatro elementos de la naturaleza. En lugar de destruir las piedras solares de los nativos, Patricio dibujó la cruz cristiana sobre el círculo solar. Le dijo a los irlandeses que el Sol no era un dios, sino una creación del Dios verdadero, y que la cruz representaba la victoria de Cristo sobre la muerte. Al fusionar ambos conceptos, los nativos aceptaron el nuevo símbolo cristiano sin sentir que traicionaban sus raíces solares ancestrales. Al igual que en Chartres o Nanterre, Irlanda estaba sembrada de cientos de manantiales y pozos sagrados donde los celtas adoraban a los espíritus del agua buscando sanación. Patricio viajó por toda la isla bendiciendo estos pozos, bautizando a miles de personas en sus aguas y declarando que a partir de ese momento quedaban consagrados a Dios o a los santos. Hoy en día, Irlanda conserva más de 3.000 "Pozos de San Patricio" (St. Patrick's Wells) que originalmente eran altares acuáticos druídicos. La ingeniería social de San Patricio fue tan exitosa que logró que Irlanda se convirtiera al cristianismo sin derramar una sola gota de sangre de mártires. Los druidas no fueron masacrados; muchos de ellos se transformaron en los primeros monjes y obispos del cristianismo irlandés, aportando su amor por la astronomía, la naturaleza y la literatura oral a los monasterios, y dando origen a la singular y mística Iglesia Celta que salvaguardó la cultura europea durante los siglos más oscuros de la Alta Edad Media. Patricio y los monjes que continuaron su labor, también reprogramaron las grandes festividades del año celta, convirtiéndolas en el santoral católico como veremos a continuación. Evidentemente la idea de que Patricio cristianizó Irlanda él solo es una falsedad histórica. Irlanda ya estaba en el radar geopolítico de la Iglesia global de Roma y de la Galia. En el año 431 d.C (un año antes de la supuesta llegada de Patricio), el Papa Celestino I envió oficialmente al obispo Paladio a Irlanda. Las crónicas vaticanas escritas por Próspero de Aquitania dicen textualmente que Paladio fue enviado "a los irlandeses que ya creen en Cristo". Esto demuestra que ya había comunidades cristianas e iglesias en el sur y este de Irlanda, probablemente debido al comercio y al flujo de esclavos con la Bretaña romana. Paladio operó con éxito en el sur (Leinster), pero la historia posterior fue drásticamente reescrita. En el siglo VII, los monjes de la Iglesia de Armagh redactaron el ‘Libro de Armagh’ y las primeras biografías oficiales de Patricio. Ejecutaron una magistral campaña de desinformación, borraron a Paladio de la historia, afirmando que su misión papal había fracasado inmediatamente, y le adjudicaron todos sus logros, todas sus iglesias y todo el mérito de la conversión a Patricio. Si Patricio era el único y supremo "Apóstol de Irlanda" y su sede principal había sido Armagh, entonces el obispo de Armagh era el jefe absoluto de toda la Iglesia irlandesa.
Según la tradición, este lugar que eligió San Patricio donde construir una primera iglesia, alrededor de la cual se desarrolló una comunidad monástica, se convirtió en el centro de la Iglesia Católica Romana en Irlanda y por eso hoy se encuentra allí una gran catedral. Ese lugar era, en ese momento, el centro de poder de la histórica provincia de Ulster, es decir Emain Macha, como hemos visto en el apartado Hibernia. Hoy es la ciudad de Armagh. En el centro de la ciudad se encuentra la Catedral de San Patricio, construida en el mismo lugar donde San Patricio edificó su iglesia. Recuérdese que uno de los motivos por el que Emain Macha estaba ubicado en ése lugar es porque se encuentra a 330 kilómetros de la cordillera MacGillycuddy, donde se encuentra el punto más alto de la isla. La ubicación elegida por San Patricio provoca que sean exactamente 333.000 metros los que hay desde la catedral hasta la cima del Carrantuohill, el pico más alto de la cordillera y por lo tanto el lugar más elevado del país. Pero aún hay otro dato importante para señalar en la ubicación elegida para ser el nuevo centro de poder. Históricamente, la Irlanda de finales de la edad del hierro se ha dividido en cinco provincias que corresponden a cinco reinos más o menos confederados bajo el poder del Gran Rey de Irlanda cuyo asiento real estaba en la Colina de Tara. Emain Macha era el centro de poder de uno de esos cinco reinos, otro de ellos es Rathcroghan, capital tradicional de Connachta, otros de los cinco reinos confederados. Cuando San Patricio construyó su iglesia lo hizo de forma que dista de Rathcroghan 66 millas náuticas. Sin embargo, la arqueología dice que el complejo de Armagh ya existía mucho antes de la llegada de San Patricio y, de hecho, era un epicentro fortificado e institucional de una antigüedad descomunal, uno de los asentamientos organizados más antiguos y masivos de Europa Occidental. Las investigaciones arqueológicas de gran alcance han sacudido la historia europea al revelar que la zona de Haughey's Fort (situada en el complejo de Navan Fort / Armagh) operaba desde el 1200 a.C como un núcleo proto-urbano a una escala sin precedentes para la época. No era una aldea aislada: la arqueología desenterró talleres de alta especialización en oro y bronce, además de objetos importados de la Península Ibérica y Europa Central, lo que demuestra que este epicentro controlaba las redes comerciales internacionales milenios antes de la era cristiana.
Pero aún hay más, el sepulcro de San Patricio se encuentra en la catedral de Downpatrick, a 33 millas náuticas de la catedral de San Patricio de Armagh. San Patricio, junto con Columba de Iona y Santa Brígida de Kildare, son los tres patrones de Irlanda. En el apartado dedicado a Escocia se habló de San Columba de Iona porque es el apóstol de Escocia, fue enterrado en la abadía que él mismo fundó pero sus reliquias fueron retiradas y divididas entre Escocia e Irlanda. Se dice que las partes de las reliquias que fueron a Irlanda fueron enterradas en Downpatrick, con San Patricio y Brígida de Kildare. Antes de la llegada de la cristiandad, la colina de la actual Downpatrick (Cathedral Hill) albergaba un antiguo recinto fortificado de la edad del bronce y del hierro conocido como Rath Celtair y el enclave político de Dún Lethglaise, uno de los núcleos de poder político y simbólico más codiciados del norte de Irlanda. 
Según la tradición, santa Brígida de Kildare era hija del rey de Leinster, uno de los cinco reinos en los que se dividía Irlanda, y su madre era una esclava del norte de Gran Bretaña, cristiana, bautizada por San Patricio. Santa Brígida es considerada la primera monja irlandesa y fundadora del monacato femenino en Irlanda, donde es muy popular y venerada. Fundó, en el año 480, un monasterio en el lugar que hoy se encuentra Saint Brigid's Cathedral en Kildare. En el apartado dedicado a la Irlanda del neolítico se mostró Loughcrew, lugar asociado a Cailleach, y se explicó que Cailleach y la diosa Brigit son dos aspectos de un mismo fenómeno visible en la sucesión de las estaciones, la fertilidad de la tierra y el ciclo de la vida y la muerte, entre otros conceptos. Si se mide desde el lugar que según la tradición cristiana fundó Brígida de Kildare, es decir, desde la catedral de Kildare hasta el centro del túmulo principal de Loughcrew (Slieve na Calliagh), la distancia es de 66,6 kilómetros. La leyenda cristiana de Santa Brígida explica que antes de la fundación de Kildare no existía allí santuario o población alguna, es posible entonces que el alineamiento lo haya provocado Santa Brígida pero no hay que descartar la posibilidad de que ya existiera allí un lugar de culto a la diosa Brigit de los celtas. Aquí tenemos la posibilidad de identificar algo que el cristianismo hará durante siglos y que ya hicieran los romanos antes, generar nuevos dioses sin eliminar los dioses locales, así la diosa celta del fuego llamada Brigit pasó a ser Santa Brígida de Kildare. Ellas son la Isis egipcia, la Minerva romana y la Atenea griega, en Britania fue Brigantia, así como siglos más tarde surgirán vírgenes como la Candelaria cuya celebración coincide en el día 33 del año, el mismo día que restan 333 días para finalizarlo y que veremos en un apartado posterior. El Imbolc, la fiesta en honor de Brigit también se celebra en este momento del año. A diferencia de Armagh o Downpatrick, donde se absorbió un centro de poder estrictamente militar y dinástico, en Kildare lo que se canibalizó fue el epicentro del culto celta a la Diosa Madre, ocurrió el mismo patrón de sustitución religiosa que hemos visto en muchos ejemplos pero llevado a un nivel de sincretismo tal que la línea entre la santa cristiana y la diosa celta se borró por completo. Mucho antes del siglo V d.C, la colina sobre la que hoy se asienta la catedral albergaba un santuario druídico consagrado al aire libre rodeado por un magnífico y gigantesco robledal sagrado. Para los celtas, el roble era el árbol sagrado por excelencia, considerado un canal místico entre el cielo y la tierra. Cuando la líder cristiana Brígida fundó allí su monasterio alrededor del año 480 d.C, decidió bautizarlo como Cill Dara (origen del nombre Kildare), que en idioma gaélico significa literalmente "La Iglesia del Roble". Superpuso el altar de la nueva fe exactamente bajo la sombra del roble más sagrado de los druidas locales. En los jardines que rodean la catedral se encuentran los restos arqueológicos de una estructura medieval muy inusual conocida como el Templo del Fuego (The Firehouse). En la mitología celta, la diosa Brigid era la deidad de la primavera (Imbolc), la poesía, la forja y el fuego sagrado de la vida. Sus sacerdotisas mantenían una llama encendida perpetuamente en esa colina. En lugar de apagar el fuego por considerarlo brujería o idolatría, la santa cristiana Brígida y sus sucesivas monjas asumieron la tarea de mantener viva la llama.

A esa misma distancia (66,6 kilómetros) de la catedral de Kildare se encuentra el túmulo de Knowth, en el complejo arqueológico Bru na Boinne, uno de los más importantes de Europa. El folclore irlandés cuenta la historia de Oengus (o Aengus), el hijo de Dagda y, por lo tanto, uno de los Tuatha de Danann, quien solicitó el área de Brú na Bóinne como su morada personal. El complejo, que incluye los monumentos colosales de Newgrange, Knowth y Dowth, fue diseñado por una civilización pre-celta altamente avanzada en la observación del cosmos.

San Finnian de Clonard es considerado el maestro de los doce apóstoles de Irlanda, en el año 520 fundó la abadía de Clonard donde los instruyó. La Abadía de Clonard se transformó rápidamente en la escuela monástica más célebre de Irlanda. Llegó a albergar a más de 3.000 estudiantes, fue una "fábrica de intelectuales" de la Europa medieval. Finnian la ubicó a 33 millas de la iglesia de San Patricio, en Armagh, y a 66 millas de Newgrange. La ubicación elegida para la abadía de Clonard también arroja otro dato, el centro del Giant´s Ring, construido alrededor de 2700 a.C, se encuentra a 6.660 metros, el mismo que está conectado a Emain Macha. San Finnian también ubicó el monasterio de forma que se alinea a 33,3 millas náuticas, con la cima de Slieve Gullion, visto anteriormente, el cual está conectado a Loughcrew y a la colina de Tara.
A principios del siglo VI, Irlanda ya era nominalmente cristiana gracias a la primera oleada de San Patricio y Paladio, pero carecía de una estructura organizativa sólida: era un caos de clanes independientes. Gales, por el contrario, poseía un modelo monástico e intelectual muy desarrollado que combinaba la tradición celta con la rigidez superviviente de la Bretaña romana. Finnian fue allí a "copiar" el plano organizativo para importarlo a Irlanda. Del primer monasterio que fundó San Finnian, en Aghowle, hoy sólo quedan ruinas pero uno de sus apóstoles, Kevin de Glendalough, construyó una iglesia a 33.300 metros de este lugar, reutilizando, de nuevo, un lugar sagrado pre-celta. San Kevin también fundó el monasterio de Glendalough de modo que dista de la colina de Tara 66.000 metros. Pero no sólo, porque también es posible encontrar otro monasterio fundacional a 66 millas de Glendalough, el monasterio de San Brandán, construido unos pocos años antes por otro de los doce apóstoles irlandeses, San Brandán de Birr. Aún es posible identificar otro alineamiento entre el monasterio de Glendalough y Slieve Gullion de 66,6 millas náuticas.
La tradición irlandesa cuenta que San Fionán fundó Skellig Michael, un monasterio que se encuentra en la isla del extremo sudoeste de Irlanda (visto en el apartado dedicado a Hibernia). La arqueología confirma que nadie vivió jamás de forma permanente en Skellig Michael antes de los monjes cristianos. Era una pirámide de arenisca devastada por las tormentas, a 12 kilómetros de la costa, poblada exclusivamente por miles de aves marinas. Una leyenda del siglo XIII aseguraba que Skellig Michael fue el escenario de la última batalla campal entre San Patricio y las serpientes venenosas de Irlanda. Patricio las acorraló y las arrojó al océano desde este peñón. Metafóricamente, este relato validaba que el último reducto del "demonio pagano druídico" había sido aplastado en esa misma roca.
San Columba de Terryglass fue uno de los doce apóstoles, en el mismo año que Finnian fundó la abadía de Clonard, en el 520, él fundó lo que conocemos como asentamiento monástico de Inis Cealtra, y lo hizo a 66 millas de la catedral de Santa Brígida de Kildare. Unos años más tarde, en el 549, fundó el monasterio de Terryglass y lo hizo a 33.300 metros del monasterio de Clonmacnoise, fundado cuatro años antes por su compañero de apostolado, San Ciarán de Clonmacnoise. San Ciarán también ubicó Clonmacnoise de modo que se encuentra a 66 millas del túmulo de Knowth, el mismo al que se encuentra conectada la catedral de Santa Brígida de Kildare.
En el año 563, otro apóstol, San Brandán el Navegante (San Borondón), fundó el monasterio de Clonfert, justo a 6,6 millas de Clonmacnoise y alineado entre éste y Terryglass.
San Columba de Iona fue otro de los doce apóstoles de Irlanda que estudió con San Finnian, en el año 563 viajó a Escocia con doce compañeros y fundó la Abadía de Iona en una isla de Escocia, exactamente a 333 kilómetros del lugar que ocupa hoy la estación de Heuston, origen fundacional de Dublín, que a su vez se encuentra a 33,3 kilómetros de la colina de Tara, sede ancestral de Irlanda donde antes que San Columba de Iona se habían conectado San Kevin y San Finnian. En el apartado dedicado a Escocia se explica que los escotos se introdujeron en el territorio de la actual Escocia desde Irlanda, creando así el reino de Dalriada, precursor del reino de Escocia; el viaje cristianizador de San Columba se dio en este mismo contexto.
En el siglo X, las reliquias de San Columba de Iona se pusieron en la Iglesia de Skryne, a 3.333 metros del centro de la colina de Tara. De la mayoría de estos lugares no hay muchos registros históricos debido a la disolución de los monasterios del siglo XVI.

Otro de los doce apóstoles irlandeses fue Cainnech de Aghaboe, también conocido como San Canice en Irlanda o San Kenneth en Escocia. El padre de Cainnech, Lughadh Leithdhearg, descendía de CorcoDalann o Ui Dalainn, una tribu cuyo antepasado, Dalann, se remonta a Fergus, rey de Ulster, donde el centro de poder era Emain Macha. Fue en Clonard donde Cainnech se hizo amigo y compañero de Columba de Iona, posteriormente Cainnech se unió a Columba en su viaje a Escocia para cristianizar a los pictos, donde se le conoce como Kenneth. Kenneth construyó una iglesia en Kilrymont lugar ahora conocido como Saint Andrews, a 333 kilómetros de Emain Macha. En la actualidad la ciudad lleva el nombre de San Andrés Apóstol pero en el momento en que Kenneth construyó la iglesia no tenía ninguna relación con San Andrés. El origen del nombre para la ciudad está asociado a San Régulo, un monje griego del siglo IV. Un ángel le dijo a Regulus en un sueño visionario que el emperador Constantino había decidido llevar las reliquias de San Andrés de Patras a Constantinopla. Para salvaguardarlos, Regulus debía trasladar tantos huesos como pudiera a los confines occidentales de la tierra, donde debería fundar una iglesia dedicada a San Andrés. Según los diversos relatos, Regulus naufragó o un ángel le dijo que se detuviera intencionalmente en las costas de Fife en el lugar llamado Kilrymont, que entonces era un asentamiento picto. Aquí fue recibido por el rey picto, Óengus I (que en realidad era del siglo VIII). Aproximadamente en 1070, Robert I, prior de Saint Andrews, construyó la iglesia de Saint Regulus para albergar las reliquias de San Andrés Apóstol que supuestamente Regulus había traído a la ciudad. Serviría como punto de referencia para los numerosos peregrinos que llegaron a la zona en los próximos siglos. Su principal característica arquitectónica es su torre de 33 metros de altura, y la iglesia se conoce principalmente en la ciudad como la torre de St Rule. La leyenda de San Régulo fue publicitada por reyes, nobles y eclesiásticos escoceses desde el siglo XII en adelante y sirvió para autenticar al apóstol Andrés como santo patrón de Escocia. La independencia escocesa había estado amenazada por Inglaterra desde finales del siglo XI, y la iglesia escocesa estaba impugnando un reclamo de primacía por parte del arzobispo de York. Al promover la historia de la elección de Escocia por San Andrés en el siglo IV, los escoceses adquirieron un santo importante, una identidad separada de Inglaterra y una fecha para la supuesta fundación de la Iglesia escocesa que antecedió a la fundación de la iglesia inglesa y a la de la iglesia irlandesa por varios siglos. Además, durante las guerras de Independencia de Escocia, los escoceses utilizaron la leyenda para persuadir al Papa Bonifacio VIII de que emitiera la bula papal de 1299 que exigía que Eduardo I de Inglaterra pusiera fin a la guerra contra Escocia.
El recorrido de las reliquias de San Andrés es una de las grandes odiseas del mundo cristiano. Sus restos viajaron por tres continentes y atravesaron guerras, imperios y disputas teológicas a lo largo de los siglos. El apóstol San Andrés fue martirizado y crucificado en una cruz en forma de "X" en la ciudad de Patras, Grecia, en el año 60 d.C y sus restos fueron enterrados por sus discípulos en esa misma ciudad. En el año 357 d.C, el emperador Constancio II ordenó trasladar las reliquias desde Patras hasta Constantinopla (la capital del Imperio Romano de Oriente). Fueron depositadas en la famosa Iglesia de los Santos Apóstoles, donde permanecieron durante casi un milenio. Es entonces cuando según la tradición escocesa, una parte de estas reliquias es llevada a St Andrews. En 1204, los caballeros de la Cuarta Cruzada saquearon la ciudad de Constantinopla. Para salvar los restos del pillaje (y asegurar un tesoro sagrado), el cardenal Pedro de Capua, originario de Amalfi, tomó el cuerpo de San Andrés y en 1208, las reliquias llegaron solemnemente a la Catedral de Amalfi, donde fueron depositadas en una cripta secreta bajo el altar mayor, lugar donde permanecen hasta el día de hoy. En 1559, una multitud armada, enardecida por el sermón del líder protestante John Knox, marchó hacia la Catedral de St Andrews, que en ese momento era la iglesia más grande de Escocia y el corazón del catolicismo en el país. Saqueó el relicario para extraer los metales y piedras preciosas y destruyó y dispersó los restos óseos del santo. Tras la Reforma Protestante de 1560, el catolicismo fue prohibido en Escocia y durante siglos, los católicos celebraron sus misas en habitaciones ocultas y sótanos. A principios del siglo XIX, las leyes comenzaron a relajarse y el obispo Alexander Cameron recaudó fondos discretamente y encargó al famoso arquitecto escocés James Gillespie Graham el diseño de una iglesia. Se inauguró en 1814 bajo el nombre de Capilla de Santa María. Para no provocar tensiones con la población protestante, se construyó escondida al final de un callejón detrás de los edificios principales de la calle Broughton. La población católica de Edimburgo creció exponencialmente a mediados del siglo XIX debido a la llegada de miles de inmigrantes irlandeses y en 1878, el Papa León XIII restauró oficialmente la jerarquía católica en Escocia. La modesta capilla de Santa María fue elevada al estatus de Catedral Metropolitana y como Escocia se había quedado sin sus reliquias medievales, el arzobispo de Amalfi donó un fragmento del hombro del santo a la recién restaurada comunidad católica escocesa. Al final, desde la catedral de San Andrés de Amalfi, epicentro de la devoción al santo en Europa occidental, hasta el Santuario Nacional de San Andrés en la Catedral Metropolitana, hay 1.330 millas de distancia. El apartado dedicado a los condados carolingios explica un alineamiento similar realizado con las reliquias de San Fructuoso de Tarragona.

Debido a esta ingeniería social, que es habitual a lo largo de toda la historia, se hace difícil dilucidar la naturaleza de estos alineamientos, es decir, quién lo construyó por primera vez o la función que pudiera tener dentro de este sistema. Pero es posible extraer pautas en común, en capítulos posteriores veremos que, del mismo modo que San Columba de Iona cristianizó las tribus del norte de Europa (como lo hará también un siglo más tarde San Columbano con las tribus germanas del norte de Italia), la colonización francesa, española e inglesa extendió este orden civilizador a América. Es ahí cuando, en una clara analogía con lo visto hasta ahora, surgirán vírgenes como la Candelaria, Guadalupe, Luján, etc. Pero antes veremos surgir en España patronas como la virgen de Montserrat, la virgen del Pilar, la virgen de Covadonga o patrones como Santiago de Compostela, lugares ordenados bajo esta orden civilizador.

A 66.000 metros de Silbury Hill está Cadbury Hill, lugar donde se encontraba un monasterio que fundó Congar de Congresbury durante el siglo V. Dio su nombre a este pueblo y a la iglesia parroquial de Badgworth. La parroquia de Congresbury afirmó haber consagrado el cuerpo de Congar durante la Edad Media y lo mencionó en varias guías de peregrinos. Congar fue uno más de muchos monjes que fundaron los monasterios más importantes de Reino Unido, todos de la misma manera, conectándose numerológicamente a un lugar sagrado anterior, como veremos a lo largo de la cristianización de Europa. Por ejemplo, se atribuye a San Columbano de Luxeuil, un monje Irlandes contemporáneo de los doce apóstoles irlandeses que estudió en la abadía de Iona, la fundación de varios monasterios en Europa en la segunda mitad del siglo VI. En el este de Francia fundó la abadía de Luxeuil, a 330 kilómetros del Mont Valérien, el mismo monte sacro de París al que se conectaron los galos y los romanos visto a principios de este capítulo. Después, en el año 614 fundó el monasterio de Bobbio en Italia, que gozaba de exención de la jurisdicción episcopal, lo que convertía a la abadía en directamente dependiente de la Santa Sede. Debido a la importancia de los libros que San Columbano trajo de Irlanda y la importancia que tuvo la biblioteca de este lugar, siglos más tarde el escritor Umberto Eco se inspiró en este monasterio para la trama de su novela ‘El Nombre de la Rosa’ (aunque la película está rodada en el monasterio Sacra di San Michele). El monasterio de Bobbio se encuentra a 33,3 millas del centro de Génova. En un apartado posterior, cuando se muestran los alineamientos de las ciudades ligures, veremos otros lugares conectados al monasterio de Bobbio. El trasfondo para la fundación de la abadía fue la invasión lombarda de Italia en 568. Bobbio adoptó la regla de San Columbano, basada en las prácticas monásticas del cristianismo irlandés o cristianismo celta. En 590, el rey lombardo Agilulfo contrajo matrimonio con la princesa Theodelinda de Baviera, devota católica que influyó junto a san Columbano en su conversión al catolicismo. El monasterio de Bobbio y la abadía de Luxeuil representan la fase más agresiva, internacional y sofisticada de esta ingeniería social y geopolítica monástica. Si en Irlanda San Patricio y San Finnian aprendieron a absorber los santuarios locales para someter a los clanes, San Columbano llevó esa "tecnología espiritual" de vuelta al continente europeo. Luxeuil y Bobbio fueron diseñados estratégicamente sobre antiguos centros de poder paganos romanos y celtas para servir como bases operacionales que reestructuraron las fronteras de los reinos merovingios y longobardos. Antes de la llegada de los monjes, el lugar que ocupa la abadia de Luxeuil, se llamaba Luxovium. Era una próspera ciudad balneario romana en ruinas estructurada alrededor de manantiales de aguas termales. Los celtas locales y los romanos adoraban allí a Luxovius (o Lussoios), el dios galo de las aguas curativas y la luz, y a su consorte Brixia (por eso se encuentra a 330 kilómetros del mont Valérien). En los bosques colindantes aún quedaban en pie templos paganos llenos de estatuas de piedra donde los lugareños realizaban rituales de fertilidad y sanación. El éxito fue tan descomunal que Luxeuil se convirtió en el monasterio más poblado de la Galia merovingia con cientos de monjes. Sirvió para implantar la estricta y rigurosa Regla de San Columbano en el corazón de Francia, pacificando las fronteras entre los convulsos reinos merovingios de Austrasia y Borgoña.
Uno de los monjes considerados padres del monacato occidental es San Benito de Nursia  quien se basó en San Juan Casiano, (fundador de San Víctor de Marsella) para escribir la regla que da origen a la órden de San Benito (los benedictinos) a principios del siglo VI. La regla de San Benito influenció también en otras comunidades religiosas cristianas y órdenes que saldrán posteriormente y de las que estudiaremos los lugares elegidos para sus edificios. Benito de Nursia vivió en el siglo VI, abandonó una vida acomodada en Roma, se retiró durante años a una cueva y posteriormente fundó el monasterio de Montecassino, a 66 millas náuticas de la basílica de San Pedro del Vaticano. Haciéndolo alineó el Campidoglio, el Coliseo, y el obelisco que se encuentra en la sede del papa (la basílica de San Juan de Letrán), el obelisco más alto de Roma, originario del templo de Amón en Karnak. El obelisco fue traído primero a Alejandría sobre el Nilo en un barco en el siglo IV, junto con el Obelisco de Teodosio por disposición de Constancio II. Como vimos en el capítulo dedicado a Alejandría, desde el puerto de esta ciudad hasta el templo de Amón en Karnak hay 666 kilómetros. Fiel al patrón que hemos analizado en Chartres, Kildare o Luxeuil, cuando San Benito decidió fundar su monasterio principal eligió una colina que ya era un axis mundi pagano muy arraigado. En la cima de esa montaña del Lacio, la población local todavía adoraba una estatua del dios romano Apolo en un templo ancestral rodeado por un bosque sagrado donde realizaban sacrificios. Benito aplicó una ingeniería de sustitución radical: destruyó el ídolo de Apolo, taló el bosque sagrado y construyó dos capillas directamente sobre las ruinas: una consagrada a San Martín (el destructor del paganismo en la Galia) y otra a San Juan Bautista. Transformó la "antena" de energía del dios solar romano en el epicentro del monacato occidental. El monacato irlandés de Clonard, Luxeuil o Bobbio era fascinante, pero tenía un problema geopolítico: era caótico, individualista y propenso a extremos ascéticos brutales (los monjes podían morir de hambre o frío en el "martirio blanco"). Además, la Regla de San Columbano castigaba con latigazos físicos la menor desobediencia. San Benito redactó la célebre Regla de san Benito (Regula Sancti Benedicti), basada en el equilibrio, el sentido común y su famoso lema: Ora et labora (Ora y trabaja) y entendiendo que el caos de los clanes celtas fragmentaba la Iglesia, introdujo el voto de estabilidad residencial (stabilitas loci); los monjes ya no podían vagar libremente por Europa como Columbano, debían permanecer y trabajar en el mismo monasterio de por vida.
Siglos después de la muerte de Benito, el rey franco Carlomagno y su hijo Luis el Piadoso se propusieron unificar políticamente el continente. Al mirar el mapa de Europa, se dieron cuenta de que cada monasterio funcionaba con reglas distintas (algunos con la celta de Columbano, otros con la de Agustín). Ejecutaron una ley de ingeniería civil masiva en el Concilio de Aquisgrán (817 d.C.): declararon que la Regla de San Benito era la única oficial y obligatoria para todos los monasterios del Imperio. Los monasterios benedictinos se convirtieron en las franquicias de un mismo sistema: compartían el mismo diseño arquitectónico, el mismo idioma (el latín), la misma liturgia y los mismos scriptoriums para salvar la cultura clásica. Es por esta inmensa red de cohesión continental que el Papa Pablo VI declaró oficialmente a San Benito como el Patrono Principal de Europa en 1964. Si los celtas e irlandeses fueron los exploradores que plantaron las primeras semillas espirituales en las fronteras, los monjes negros de San Benito fueron los ingenieros que pavimentaron el tejido cultural, legal y agrario sobre el cual se edificó la identidad de la Europa medieval. Entre los monjes de Montecassino estuvieron importantes personajes como Carlomán, hijo de Carlos Martel.
Muchos siglos más tarde se construyó en las inmediaciones de Montecassino el cementerio polaco de la segunda guerra mundial que también queda alineado. Pero el cementerio polaco no sólo forma parte de este alineamiento, como veremos en el apartado dedicado a la segunda guerra mundial, éste junto con otros cementerios de guerra se encuentran conectados a sus respectivas capitales. El monasterio de Montecassino, como ocurre a menudo con las primeras instituciones cristianas, fue emplazado en una antigua construcción pagana, un templo de Apolo que coronaba una colina.

Montecassino está conectado al Istituto Nazionale di Fisica Nucleare a 66 millas.
Un apartado posterior muestra los alineamientos que se dan entre la fábrica de ojivas nucleares del Reino Unido y Stonehenge, y la misma fábrica y el centro del Londinium romano. También muestra que China guarda sus ojivas en la sierra Qinling, alineada también con el corazón de la nación china, Chang´an. El instituto Nazionale di Fisica se encuentra ubicado bajo el gran Sasso, la montaña más alta de los Apeninos, cordillera que cruza toda Italia cuya cima es el Corno Grande (en un capítulo posterior se mostrará una analogía entre este pico y el Matterhorn de Suiza). El Laboratori Nazionali del Gran Sasso forma parte del instituto y es el centro de búsqueda subterráneo más grande del mundo, estas instalaciones construidas bajo el Gran Sasso se encuentran a 66 millas del centro de Roma. Entre 2003 y 2008 se construyó bajo el Gran Sasso, el pabellón C, destinado al experimento OPERA, una colaboración entre el CERN y el Laboratorio del Gran Sasso para estudiar los neutrinos enviando energía desde el CERN hasta el Gran Sasso. L'Aquila, donde en 2009 hubo un terremoto devastador, es la ciudad más cercana al laboratorio del Gran Sasso.
El laboratorio del Gran Sasso tiene presencia en la historia de las unidades de medida porque en septiembre de 2014 se estableció un récord para la temperatura más baja registrada en el universo, -273,15ºC. Se volverá a tratar el tema de los sincrotrones.
Montecassino, tiene otro importante alineamiento que forma parte de un subconjunto de ejemplos análogos; aquellos lugares que se conectan con el arquetipo de Noé/Yamshid, Ziusudra, Manu, etc. Desde Montecassino hasta el mausoleo de Noé en Najicheván hay la misma distancia que entre Roma y la cima del monte Ararat, 1.666 millas. Pero, como he dicho, en Montecassino hay un cementerio de guerra y más adelante, cuando la cronología llegue a las guerras mundiales, surgirán lugares análogos a este (cementerios de guerra) que nos permitirán identificar patrones y entender mejor esta red de alineamientos. Por ejemplo, desde el mausoleo de Noé hasta la estatua de la Madre Patria de Volgogrado, que es también un cementerio de guerra, hay 660 millas. Esto lo analizaremos en profundidad más adelante.

Un monje benedictino es el apóstol de Inglaterra, San Agustín de Canterbury, quien nació en Roma y estudió en el monasterio de San Andrés en esa misma ciudad. Fue enviado junto con cuarenta monjes por el papa Gregorio I en el año 597 para evangelizar Inglaterra.  San Agustín construyó una iglesia donde hoy se encuentra la catedral de Canterbury, foco de la Religión Anglicana. La construyó a 66,6 millas náuticas de Castle Hill, en Cambridge, que en ese momento era un castro romano llamado Duroliponte y a 333 kilómetros de York (Eboracum) que había sido fundada por el imperio romano y que, según los arqueólogos, había quedado prácticamente abandonada. Mucho antes de que los romanos fundaran su fortaleza en el siglo I d. C, la zona de Cambridge y el Valle del Cam ya eran espacios de gran relevancia, con una ocupación humana continua que dejó huellas arqueológicas desde el Neolítico hasta la Edad del Hierro celta. Alrededor de la ciudad actual se erigieron imponentes fortificaciones circulares. La más famosa y masiva es Wandlebury Ring (en las colinas de Gog Magog, justo al sur de Cambridge), un centro político y ritual celta rodeado de profundos fosos artificiales. Como veremos más tarde, Cambridge y Oxford, las dos universidades más famosas de Gran Bretaña, además de encontrarse alineadas entre ellas a 66,6 millas, lo están con varios importantes lugares. También vimos anteriormente que Oxford lo está con varias capitales de las tribus británicas de antes de la invasión romana. Duroliponte, el montículo defensivo anterior a Cambridge, está a 33 millas náuticas de Verulamium por lo que es posible que estos lugares como Oxford y Cambridge hayan sido importantes centros en el orden anterior a los romanos y que hayan sufrido la misma suerte que otros muchos lugares, que hayan sido borrados de la historia por sus vencedores. Esta verdad queda sellada por un famoso documento geopolítico: la Carta del Papa Gregorio Magno al abad Melitón (año 601 d.C). En ella, el Papa le da instrucciones explícitas sobre cómo Agustín debe tratar a los paganos ingleses: "No se deben destruir los templos de los ídolos de esa nación, sino solo los ídolos que están en ellos... porque si esos templos están bien construidos, es necesario que pasen del culto de los demonios al servicio del verdadero Dios. Cuando el pueblo vea que sus templos no son destruidos, abandonará el error de sus corazones y acudirá con mayor familiaridad a los lugares a los que estaba acostumbrado". Al igual que Patricio transformó los pozos sagrados de los druidas en fuentes de bautismo, Agustín tomó los antiguos altares de Kent para edificar el centro administrativo de la Iglesia de Inglaterra. Es lo que parece que ha pasado también con el pueblo íbero, como veremos en el siguiente capítulo, que servirá para introducir el orden civilizador empleado en la península ibérica por las monarquías españolas. 

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